11 de aquel mes, de aquel año, ya daba igual, todo era totalmente diferente, parecía como si había cambiado totalmente dejando aquel inmaduro, que lloraba por cada cosa mala que le pasaba y no sabía solucionar nada por solo estar cegado, hacerle caso a sus sentimientos.
Estaba cansado de hacer caso a mis sentimientos, de que me guiaran en mi vida, una y otra vez.
Mi corazón blando, era atacado diariamente, a veces no lo sentía hasta el golpe fuerte, cuando se contraía fuertemente al saber que me habían vuelto a mentir, traicionar.. ¿Que más da? El caso es que pretendían hacerme daño, aunque fuera involuntariamente, o voluntariamente ¿Quién sabe?.
Cada golpe que recibía, cada día que pasaba, cada hora, cada minuto seguía sufriendo sin poder olvidar todo el daño producido, que por muchas risas que mostrase, todas eran falsas, ninguna verdadera.
Me situaba en aquella azotea del edificio, mirando a la nada, aunque pensando en todo. Seguía sin olvidarme del daño recibido, aunque ya no era un niño, había madurado, gracias a todos los golpes recibidos durante todos los días por aquella persona que era capaz de alegrarme los días mientras que por detrás seguía mintiéndome.
Dejé de llorar, dándome cuenta que lo único que conseguía era mostrarle todas mis debilidades a la persona que se reía de mi. Hasta que un día me rebelaré, y ninguna lágrima, ninguna muestra de amor ni nada pueda hacerme sentir culpable, porque al fin y al cabo él mismo ha hecho que pierda esa compasión, reforzando mi corazón.

Comentarios
Publicar un comentario