De tus mentiras nació mi ira, pensaba mientras corría por la playa en busca de mis amigos, mis verdaderos amigos, quienes estuvieron ahí en lo malo y en lo bueno, para hacerme reír o dejarme llorar en su hombro, todos mis últimos llantos, tristezas eran todo por tu culpa, la persona que consideraba que era una de las mejores en toda mi vida, solo era un triste y repugnante hechicero.
Sabías darme pena para que no me separara de ti, también sabías que ser más cariñoso conmigo cuando teníamos roces que ponían su hechizo en peligro. Con todo esto quedaba hipnotizado, y así usarme como una marioneta y quererme cuando todos pasaban de él o solo cuando todos estaban ocupados y se aburría solo.
Como tal marioneta que era, siempre acudía a sus llamadas al instante para mantenerlo feliz y que así no dudara en seguir a mi lado, pero como todo , con el paso del tiempo se va desgastando hasta tal punto que no queda casi nada, es decir, se rompe.
Mentira tras mentira debilitabas tu propio hechizo, tú mismo te perjudicabas sin saber lo que estabas haciendo, ya que pensabas que eras un experto en todo esto y sabrías manejar la situación, pero no, se te fue de las manos y te pillé, reaccionaste dándome excusas baratas, que solo un niño se creería, pero para tu desgracia no lo era.
Quiéreme todo lo que quieras, hechicero, por mi parte todo lo que siento hacia ti es odio, más bien ira , porque el odio se acumula poco a poco y así es como surge la ira.
Me reuní con mis verdaderos amigos y me acogieron como si no hubiera pasado nada, a partir de ahora solo me importan ellos mientras que tú, increíble hechicero, me da igual todo lo que me digas, solo
Te odio.

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