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Hola princesa.


Maldito frío, mis dientes tiritaban suavemente tal y como el arco que rozaba suavemente las cuerdas del violín, el viento sonaba gélido como aquel niño feliz que soplaba un copo de nieve.
Solo tenía un objetivo, llevaba desde esperándola frente a la puerta del instituto desde que las agujas del reloj empezaron a girar, podía pasar frío, pero todo lo hago por amor, un amor incomprensible, adorado por nuestra parte, solo nos basábamos en poemas de nuestros queridos poetas para seguir adelante, nuestras promesas eran tan dignas como las de Calisto a Melibea, Calisto iba a verla a pesar del peligro, en cambio yo, me decidí a recogerla todos los días a la salida del instituto, hiciese frío, calor, me daba igual la temperatura, las condiciones climáticas, me daba todo igual solo por ella.
El sonido del timbre era tan odioso como un graznido de veinte cuervos, resultaba bastante incómodo, el niño con el copo de nieve se asustó que la nieve cayó al suelo rápidamente, dejando otro montón de nieve pequeño, que más da, hoy era un día tan blanco como la esclerótica del ojo.
Allí salía ella, cada vez más guapa. El viento comenzaba a venir más fuerte ahora, se alegraba de que se encontrara nuevamente conmigo, que sigamos prometiendo nuestro amor día a día como Romeo y Julieta, ese brillante amor por encima de todo, que lucha tras lucha siguen amándose día y muerte y solo fueron separados por una simple y triste cosa: La muerte.
-Bienvenida nuevamente a quien te cuidara día y noche,a tu fiel príncipe. Hola princesa de mis sueños, la única que consigue hacer vivir una llama en mi interior, la única que libera mi ceguera.
Feliz cumpleaños princesa.
Sus ojos brillaban como la estrella más bonita del firmamento, su sonrisa implacable, haciéndose a cada lado esos leves hoyuelos que enamoraban a todos los que pasaban a su lado. 
No era una persona que quería dar la nota, tampoco podía permitirme el lujo de comprarle cosas maravillosas, pero si podía bajarle el cielo, sentirse en una gran nube de buenas sensaciones. 
Allí estábamos los dos agarrados de la mano como si no hubiese un mañana, en el monte más bonito de la ciudad, lleno de nieve y adornado por mi, los arboles adornados con cintas, y junto a ellos, un gran marco de fotos reflejando todo nuestro paso, desde que ese color rojizo aparecía en sus mejillas cada vez que me veía hasta ese eterno beso que mostraba nuestro fiel amor.
- He perdido la noción del tiempo a tu lado, 3 años no es nada comparado con los que nos queda por vivir, sabes que te he prometido amor eterno, que mi vida es perfecta a tu lado, tengo envidia de esas historias de amor, en las que todos se prometen amor eterno y viven felices, yo te prometo una cosa, te amaré como Romeo amó a Julieta, notaré tu ausencia como los poetas definen en sus poemas, luchare como Calisto para protegerte y haré todo lo que esté en mi mano para poder tenerte y por último quiero ese amor eterno como Edward y Bella lo tienen, que cuando muramos todo siga igual, notando como ahora, tu rubor en esas mejillas preciosas.






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