En un día oscuro y frío todo desaparece, las ganas de salir a pasar el rato, de hacer visitas, de pasar frío.
Pero no desaparece las ganas de vernos. Verte desde la otra punta de la habitación, apoyado sobre la pared mientras escribes por el móvil sonriendo, ni una palabra, solo tu música es la que hace vibrar el tímpano de mis oídos, son tus ojos los que hacen vibrar mi interior, mis sentidos.
Solo ilumina la habitación las pantallas de nuestros móviles, todo lo demás queda a oscuras, estamos bañados en una nube de oscuridad, de recuerdos que aun no hemos descubierto, de experiencias no sentidas.
Yo si te veo, desde cualquier parte puedo sentirte en mi interior, en mis sueños, en mi mente, sin embargo, cada vez tú escuchas la música más fuerte y mis palabras quedan ahogadas tras el rock de tus auriculares.
Intento moverme pero la oscuridad me lo impide, voy avanzando poco a poco a medida que los días pasan pero no consigo alcanzarte, tocarte el pelo y susurrarte que esta habitación debería de ser una mansión, que en este recinto solo entra la cuarta parte de lo que viviremos, que nos quedan años y no meses, que más de una vez nos miraremos y nos sonreiremos como los primeros días, que las palabras dejaran de existir entre nosotros porque con las miradas nos bastarán.
Ahora te sonrío desde la oscuridad, pero dentro de poco te iré sonriendo desde la luz, que me acercaré hasta el punto de que seamos uno, te sonreiré incluso los días más oscuros, porque dentro de poco, yo seré tu día oscuro y tu serás la luz que lo elimine.
Comenzando a quererte y, enamorándonos con susurros, perdiendo la noción del tiempo.
Cualquier cosa por volver a verte vibrar.

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