No sonará repetitivo cuando intento decirte por mil medios que te quiero, no puedo decirlo claro y alto porque me rechazarías, tengo mil y una maneras para decírtelo indirectamente, de cuidarte y hacerte feliz, pero solo falla un elemento importante en esta cadena alimenticia. Responderme, al menos una última vez.
Mi historia está mas que contada, siempre ocurre lo mismo, ilusión, desilusión, en bucle, da igual en que momento de mi vida me encuentres, desde que he sabido que los problemas existían han venido unos tras otros, atravesándome cada poro sin piedad, golpeando mi coraza.
Es por eso que no os voy a contar mi historia, simplemente dirigirme a todos ayudaros a pensar y decidir quienes de verdad están en vuestra vida, quien os responde cuando lo necesitáis, quien es de verdad vuestra alma gemela, si es que existe.
Sí, como ya habréis sospechado no he venido a contar mi historia de amor con las personas que creía importante en otros textos, al fin y al cabo, andaban más perdidas que yo.
Al conocer gente entramos en el juego del interés, de las sospechas y desconfianzas. Si tienes suerte te acompañará algún amigo, si no, bienvenido a mi situación.
Era maduro, pero tampoco el que más, sabía de que se podían aprovechar de mi y cuales eran mi debilidades, y es que , aunque pensemos que una sonrisa lo cambia todo, es mentira, son sonrisas falsas que quieren adueñarse de ti para confundirte y engañarte para conseguir aquellas cosas que ellos no pueden tratar por su manera. Después adiós.
Te quiero, te quise y te querré, porque fuiste la persona que me ayudó a lo largo de unos ciertos meses, es verdad que solo me aguantabas por el bien de tu futuro, pero tu calor sobre mis poros me reconfortaban cuando no me quedaba nadie. Ahora aquí estoy, cansado de llamarte, de ver tus "en línea" y esperar tu respuesta ya que, al fin y al cabo, me quedaba la vaga esperanza de que me hablases, de que me cogieses el teléfono en el último beep y me sacases la sonrisa que me prometiste.
Una vez soñé que a los treinta años, estábamos sentados en un parque, en una colina del parque más bien. Hacia calor, aunque no demasiado, entraríamos en el mes de Septiembre, ya que recordábamos los viejos tiempos, cuando acudíamos a clase y me sonreías porque lo único que importaba era vernos tras el descanso de verano, aunque no todo acababa ahí, en verano nunca olvidaré los múltiples Skype, nuestros secretos y nuestras largas conversaciones por Whatsapp.
Estaba claro que esos cuatro años encontramos los dos a alguien que nos ayudaba a completar nuestra persona, de una manera u otra la felicidad empezó a florecer tras el primer curso.
Tu cerveza que nunca faltase y mi jarra de vino tampoco, como en los viejos tiempos.
Los años no habían pasado apenas por ti, parecías tan joven como en las clases, tu esencia se mantenía con los años y eso me encantaba.
Mirando la puesta de sol me asegurabas que lo mejor que te podía haber pasado era que te pidiese que me hablases en periodo de verano para no perder el contacto, que a pesar de haberte negado en un principio, de esquivarme, yo seguía una tras otra intentándolo para conseguir estar a tu lado.
Y lo último que recuerdo fue, que me miraste seriamente y me dijiste que me estabas esperando, al amigo que nunca pudiste encontrar, a mi hombro en el que has llorado más de dos veces, a mis brazos que te acogían cada vez que lo necesitases y sobre todo, nuestras miradas sinceras y al final nuestra sonrisa.
Desperté con el rostro lleno de lagrimas, roto por dentro por quererte tener a mi lado, porque ahora, ese sueño no se haría realidad, todo había acabado y como siempre tendría que volver a superarlo.
A este punto de la historia quería llegar; son múltiples las personas que aparecen y se marchan de nuestra vida, duele y destroza por dentro, es en ese momento cuando tienes que apoyarte en las personas que quedan ahí, hacerte fuerte y dar la cara. Por una persona no acaba el mundo.
Dejemos de ser niños a una cierta edad y comencemos a independizarnos, no depender de nadie, ser felices con nuestro entorno y, al fin y al cabo, esperar a nuestra alma gemela.
Al día de hoy, yo no la tengo, o tal vez sí. Ya les dije que mi historia era un bucle. Bienvenida a mi vida, persona X.
Mi historia está mas que contada, siempre ocurre lo mismo, ilusión, desilusión, en bucle, da igual en que momento de mi vida me encuentres, desde que he sabido que los problemas existían han venido unos tras otros, atravesándome cada poro sin piedad, golpeando mi coraza.
Es por eso que no os voy a contar mi historia, simplemente dirigirme a todos ayudaros a pensar y decidir quienes de verdad están en vuestra vida, quien os responde cuando lo necesitáis, quien es de verdad vuestra alma gemela, si es que existe.
Sí, como ya habréis sospechado no he venido a contar mi historia de amor con las personas que creía importante en otros textos, al fin y al cabo, andaban más perdidas que yo.
Al conocer gente entramos en el juego del interés, de las sospechas y desconfianzas. Si tienes suerte te acompañará algún amigo, si no, bienvenido a mi situación.
Era maduro, pero tampoco el que más, sabía de que se podían aprovechar de mi y cuales eran mi debilidades, y es que , aunque pensemos que una sonrisa lo cambia todo, es mentira, son sonrisas falsas que quieren adueñarse de ti para confundirte y engañarte para conseguir aquellas cosas que ellos no pueden tratar por su manera. Después adiós.
Te quiero, te quise y te querré, porque fuiste la persona que me ayudó a lo largo de unos ciertos meses, es verdad que solo me aguantabas por el bien de tu futuro, pero tu calor sobre mis poros me reconfortaban cuando no me quedaba nadie. Ahora aquí estoy, cansado de llamarte, de ver tus "en línea" y esperar tu respuesta ya que, al fin y al cabo, me quedaba la vaga esperanza de que me hablases, de que me cogieses el teléfono en el último beep y me sacases la sonrisa que me prometiste.
Una vez soñé que a los treinta años, estábamos sentados en un parque, en una colina del parque más bien. Hacia calor, aunque no demasiado, entraríamos en el mes de Septiembre, ya que recordábamos los viejos tiempos, cuando acudíamos a clase y me sonreías porque lo único que importaba era vernos tras el descanso de verano, aunque no todo acababa ahí, en verano nunca olvidaré los múltiples Skype, nuestros secretos y nuestras largas conversaciones por Whatsapp.
Estaba claro que esos cuatro años encontramos los dos a alguien que nos ayudaba a completar nuestra persona, de una manera u otra la felicidad empezó a florecer tras el primer curso.
Tu cerveza que nunca faltase y mi jarra de vino tampoco, como en los viejos tiempos.
Los años no habían pasado apenas por ti, parecías tan joven como en las clases, tu esencia se mantenía con los años y eso me encantaba.
Mirando la puesta de sol me asegurabas que lo mejor que te podía haber pasado era que te pidiese que me hablases en periodo de verano para no perder el contacto, que a pesar de haberte negado en un principio, de esquivarme, yo seguía una tras otra intentándolo para conseguir estar a tu lado.
Y lo último que recuerdo fue, que me miraste seriamente y me dijiste que me estabas esperando, al amigo que nunca pudiste encontrar, a mi hombro en el que has llorado más de dos veces, a mis brazos que te acogían cada vez que lo necesitases y sobre todo, nuestras miradas sinceras y al final nuestra sonrisa.
Desperté con el rostro lleno de lagrimas, roto por dentro por quererte tener a mi lado, porque ahora, ese sueño no se haría realidad, todo había acabado y como siempre tendría que volver a superarlo.
A este punto de la historia quería llegar; son múltiples las personas que aparecen y se marchan de nuestra vida, duele y destroza por dentro, es en ese momento cuando tienes que apoyarte en las personas que quedan ahí, hacerte fuerte y dar la cara. Por una persona no acaba el mundo.
Dejemos de ser niños a una cierta edad y comencemos a independizarnos, no depender de nadie, ser felices con nuestro entorno y, al fin y al cabo, esperar a nuestra alma gemela.
Al día de hoy, yo no la tengo, o tal vez sí. Ya les dije que mi historia era un bucle. Bienvenida a mi vida, persona X.

No sé qué letra ponerme, así que te diré que soy Salva, quizás un nuevo amigo que ha vivido tus vidas, tal vez alguien que soñó que esperaba a esa chica tímida que buscaba tu mano. Incluso puede que un día también llegamos a sentarnos juntos en cualquier lugar, eso ya no importaba. Aunque ya mi memoria cae derrotada cuando busca un rostro, queda un eco de su voz, un rastro sutil del olor de su cabello y aquel rubor que decía que la niña aún vivía allí dentro. Si has llegado a eso, no sufras, al contrario, regocíjate, quiere decir que has amado. Hasta otra, amigo estrenado. Sigamos desgranando nuestra voz.
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