Nunca había creído en la profecía de quemar el papel para eliminarte de tus malos recuerdos. Siempre había decidido guardármelo todo para mí, reflexionar y valerme por mi mismo. Al fin y al cabo, hoy en día, soy así por culpa del pasado, por roturas que nunca se sellaron, por punzadas que de verdad clavaron.
He intentado pasar del pasado como tanta gente dice, vive el ahora, el pasado es pasado. ¿Pero y si ese pasado siguiese presente del mismo modo que el día a día?
Vengo de unos recuerdos que me atormentan, que me hacen sufrir demasiado a pesar de ser eso, recuerdos inválidos que no guardan relación frontal con mi presente.
Pero si indagamos, si indagáis, el pasado nos afecta y mucho.
Creía ser otra persona, alguien que de verdad se dedicaba a amar, que era capaz de poner el tú antes que el yo, no imaginarme en la piel del otro, ser esa piel. Pero no, por culpa del pasado, no.
Ahora si que sigo poniendo mi mano para ayudar, intentar volver a ser como antes, pero todo a mi alrededor no ayuda, intento superar el pasado, correr por el camino de clavos que arañan igual o incluso más que antes, huir de lo que fue mi mala época y vivir el momento.
Espectros que rodean la hoguera mientras quemo el papel intentan introducirse dentro de mi, las llamas reflejan que mi pasado ahora se está quemando, que debería de olvidarme de cada recuerdo que me reflejan las llamas, pero es imposible olvidarme de mejores amigos que ahora se han esfumado, de amores no correspondidos, de acosos... Es imposible olvidarlos sin sentir miedo.
Es por todas estas cosas por las que cada vez que me emociono no puedo evitar desilusionarme, pensar que sí que todo va bien pero al igual que en otros momentos fueron igual de bien se torcieron en tan solo minutos. Por mi culpa, por culpa del miedo que tengo en mi interior, mi desconfianza a ser alguien que no merece la pena.
Nada dura nada de repente y todo no debería desmoronarse en cuestión de segundos. No es peor algo que corte de repente a ver como la persona que quieres se va alejando poco a poco. Como esas manos ya no se rozan, como la conversación va disminuyendo cada vez más, como ese entrecruzamiento de miradas solo ocurren a kilómetros, como los corazones se descoordinan. Como la ráfaga de aire se lleva los recuerdos para plasmarlo en el pergamino de nuestra vida. Otro recuerdo más, otro jodido recuerdo.
Es por eso que intento evitar el pasado para formar mi presente y a ser posible el futuro, como esquivo las piedras para evitar tropezar, volver a confiar en la gente a pesar de que en un pasado cercano me humillasen por mis "innecesarios" problemas.
Pero es difícil evitar el pasado cuando te ha cambiado completamente, cuando dejas de ser la persona que eres para convertirte en una nueva, y en un 99% de los casos en los que te sueles acordar del pasado es porque esa persona ha ido a peor, y no, no son dobles caras, es la dura realidad.
Quémate y olvídate de mi, retorcido pasado, para siempre.

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