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A ras del cielo

 - Pero si hay oportunidades... ¿Por qué parar?--- dije entre sollozos

- Por la razón de que te miramos y no eres la misma persona, estas dejándolo todo por alguien y cuando digo todo, es todo, porque hasta tú has desaparecido.

Creo que han pasado tres noches desde entonces y aún siguen resonando las palabras en mi interior.

Duele ver como mis amigos me recomiendan tirar tanto tiempo por la borda mientras que yo veo que aún me siguen queriendo...

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- Hace mucho que tus ojos no brillaban como ahora--- me dijeron mis amigos sonriendo.

Ahora, un año después de todo he podido sonreír de verdad. Esto comenzó así:

Cuando estás locamente enamorado de alguien, y sobre todo, cuando dependes de ese alguien, tu personalidad va cayendo poco a poco sin darte cuenta, pero... era feliz, o al menos eso creía.

Miraba el móvil cada segundo para ver si me escribía, lloraba cuando discutíamos ante el mínimo problema, vivía para contentarle... 

Dependía emocionalmente de él. Solo estaba feliz cuando todo entre nosotros iba bien, sin embargo, en el primer momento que notaba que me faltaba, el cielo se me caía encima. El mundo dejaba de brillar.

Perdí a mis amigos hasta verlos únicamente una vez cada tres meses porque sentía que si me alejaba de él no era feliz.

Fue por eso, cuando vi que ya no me quería igual que antes, que estaba frío y que su mirada estaba totalmente vacía cuando me miraba,  que yo ya estaba perdido. 

No quería ver que lo mejor para mí era dejarlo todo atrás y seguir viviendo, creía que solo era un bache más, que le necesitaba para ser feliz.

Perdí las ganas de luchar, de seguir viviendo aquello que antes de depender de alguien me emocionaba y sobre todo, me olvidé de mi esencia, era una persona a la que habían prometido el cielo y le trajeron el infierno.

No todo fue tan fácil, primero, me soltó de repente, después me maltrató psicológicamente.

 Por culpa de todo lo que ocurrió; mensajes, llamadas, mareos... acabé cerrando la puerta y dejé de sentir.

Lloré hasta que la cabeza me iba a reventar, golpeaba las paredes hasta que me sangraban los nudillos y gritaba hasta que me quedaba sin voz.

Ahora, un año después, muchas marcas siguen en mi piel. Cuando las miro siento que necesito quererme.

Es algo habitual que confundamos una relación sana con una relación con dependencia, yo me sentía tan feliz que no era capaz de verme más allá, y ese fue mi gran error. 

Está bien enamorarse, sentir el amor y sobre todo vivirlo con la persona que se lo merece, pero, cuando dejas de luchar por lo que de verdad te hace feliz solo para estar con una persona, cuando tú misma notas que no avanzas como persona y que todo tu entorno se está alejando, es el momento de marcharse.

Todo duele en el momento y muchas veces no somos capaces de mirar más allá, sin embargo, ahora soy yo mismo el que estoy al ras del cielo, he estado un año luchando para mirarme al espejo y aceptarme, he luchado tanto por mis objetivos que muchos de ellos los he cumplido y estoy feliz, mucho más que esa falsa felicidad que sentía cuando estaba con la otra persona.

Desengañarse de qué estamos en una relación tóxica no es fácil, pero más difícil es volver a encontrarnos a nosotros mismos.


(Historia ficticia)

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