"Hey! Que te quiero, ¿Me estás oyendo?" Sí, te estaba oyendo en mi cabeza, seguía recordando todas las palabras que me dijiste, bueno tú y muchos más creyendo que era algo importante para alguien, cuando todos estaban esperando la oportunidad para dejarme abandonado, en nuestro sitio frecuente, viendo la bonita puesta de sol en el que comentábamos todos los momentos del día, lo malo y lo bueno, era como nuestro momento de confianza plena.
Eran alrededor de las 8 de la tarde y la puesta de sol estaba comenzando, pero no era la típica puesta de sol, ya que todas las hamacas de mi alrededor estaban vacías, donde un día antes, ni siquiera se había cumplido el día solo habían pasado horas, unas 12 creo yo.
Mis lagrimas descendían por mis mejillas como cuando abrimos el grifo de agua y lo dejamos a medio cerrar, caían pocas gotas pero constantes.
Me prometieron una amistad para siempre, ahora aquellas 2 palabras dejaron de existir en mi vida, que venga quien quiera que yo no confiaría en nadie, no después de que mis mejores amigos me dejaran tirado cuando yo los necesitaba de verdad.
Ahí estaba el frío mar, de fondo se escondía el sol entre aquellas grandes montañas. Me levanté de la hamaca y me salté la valla quedando con los pies colgando por encima del mar.
Llamarme como queráis pero no estoy loco, dejé escrita esta carta encima de mi hamaca ya que ya no me encuentro en este mundo, sin pensármelo dos veces me lancé al profundo e intenso mar, donde allí acabó todo.
Creerme no siempre la soledad es lo mejor, y menos cuando estás tan ilusionado como yo lo estaba con mis amigos.
Cuando leas esto estaré muerta seguramente, mis últimas palabras son:"Aprovecha el tiempo con tus amigos y nunca los abandones."

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