Era el trecho mas pequeño o ¿más largo?, no sé. Iba enrabietado, cabreado, triste, sin ánimos en general, mi vida era un total descontrol, algunos dirían este chico es bipolar por sus grandes cambios de humor, pero no, no tenía nada que ver con ese tema, todos mis cambios de humor ya sean de buenos a malos que de malos a buenos tenían nombre y apellidos, y es que mi vida era mucho peor que una montaña rusa, ya que cada vez la cuesta hacía abajo era mucho mas honda y luego cuando la vagoneta quiere subir de nuevo le cuesta mucho más, y algunos diréis pero cada vez podrás estar en un punto mas alto de alegría, pero es que cada vez que la subida aumentaba, menos tiempo de felicidad había en lo alto, y muchísimo mas tiempo de tristeza.
Le pegué una patada a una piedra que encontré por la calle, con toda mi ira y con todos los malos recuerdos que tenía en aquel momento.
Me sentía usado y tirado, como aquel peluche viejo que solo se le quiere cuando no hay ninguno mas, como alguien sin compasión, sin corazón, sin remordimientos.
Pero era el chico con más remordimientos del mundo y es que puedo perdonar pero no olvidar, y pensaba muchísimo todas las cosas que me ocurrían a alrededor y alomejor eso podría explicar mis altibajos emocionales.
Sabía que no me podía hundir del todo y no recuperarme jamás, siempre lo hago me cueste más o menos pero lo hago.
La piedra se rompió en 4 pedazos diminutos, pobre piedra, ella había pagado todo sin venir a cuento pero bueno, espero que algún día la alegría supere a la tristeza y los tramos de 10 metros de distancia no me parezcan como uno de 1 kilómetro.

Pero lograste romper la piedra. Lo normal es que suceda lo contrario, entonces el olvidar es pertinente para cuando encuentre otra piedra en el camino, en vez de patearla, la aprecie por su presencia en miles o millones de años en el universo; en cambio uno, uno es un pasajero y no es el ombligo del mundo.
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