La habitación estaba llena de cortinas, tres a lo ancho de la habitación y cinco filas a lo largo de la habitación.
Yo era el portardor de la luz, por lo que el resto del cuarto estaba completamente a oscuras.
Yo estaba también detrás de una cortina, la que tapaba la puerta, la primera de todas.
Si os pasara a vosotros tampoco entenderíais nada, querríais huir, detrás de cada cortina había una persona. Podía notar sus cuerpos, esbeltos, bajos, débiles, temblorosos...
Quería salir de la habitación pero estaba encerrado. La puerta tenía una simple lección.
"Aquí comienza tu vida, deslizate como puedas entre las cortinas, conocerás a gente, vivirás cada momento con ellos, pero es importante, si tocas el suelo es que tu vida se ha acabado."
Agarré la cortina con miedo y tiré de ella para saber si era segura.
Intenté nuevamente abrir la puerta pero era imposible. Allá iba.
Recogí la cortina que ocultaba mi cuerpo y la adapté al contorno de mis manos para agarrarme fuertemente a ella.
uno... dos... tres... susurraba en mi cabeza. Subí de golpe a la primera cortina.
La luz que desprendía iluminaba la primera fila de cortinas y sus respectivas sombras.
Oí el primer clic y observé como las primeras anillas comenzaban a escaparse. Debía de cambiar de cortina aunque no quisiera.
Me balanceé y agarré la primera cortina de la primera fila.
Podía ver a través de ella. Se encontraban mis amigos de la infancia, todos ellos.
Me vi de niño, andando como un día normal, pero todo pasaba demasiado rápido.
Las anillas comenzaban a desprenderse conforme el tiempo pasaba y me alejaba de ellos, estaban desapareciendo de mi vida.
Los volví a abandonar, por segunda vez, con lágrimas en los ojos, pero no podía seguir en las cortinas porque estaban apunto de caer al suelo.
De esas tres cortinas solo una quedó colgada de una anilla, no llegó a tocar al suelo.
La segunda fila cayó completamente, gente conocida que pudo llegar a quererme desapareció, no me dolió tanto.
Sabía que la tercera fila no iba a ser tan dura como la segunda, pero quedó prendida de dos anillas en su primera cortina.
La cuarta y la quinta fila sabía que iba a ser muy dura, iba a entrar en esa revolución interior, en lo que yo llamo la etapa del descubrimiento.
Estaba agarrado fuertemente cuando la primera persona se mostró.
Año y medio de amistad, de amor de verdad, la mente me mostraba cada recuerdo, cada caricia. Mis ojos se empapaban de lágrimas por todos los errores cometidos, por todas las tonterías, pero sobre todo , porque sabía que nunca volvería a vivir eso. Lo sabía, de verdad.
No quería soltar la cortina, quería caer y dejar de cometer errores, estaba dolido, sabía que los siguientes iban a ser peores, todas las cortinas caen, todas las historias...
Grité y me quedé suspendido a pocos centímetros del suelo cuando me agarré a la segunda cortina de la cuarta fila. Vi como me mostraba mi mente una imagen dolorosa, mi venganza hacia esa persona, mi superación, mi maduración.
La cortina cayó y la persona desapareció, en este caso , para siempre.
Desde entonces pocas personas han llegado a ser como la primera de la cuarta fila, todos dejaban su huello en un corazón maduro, un corazón que no llora.
Hasta que llegué al presente. Mi mayor debilidad, mi mayor descubrimiento. Última cortina de la quinta fila.
Tu cortina se mantenía firme, tus manos acariciaban mi ser, era el inicio de algo bonito, de algo totalmente nuevo. Tu cortina estaba reforzada con aros de hierro, tu abriste mi corazón de hierro para entrar con él.
El aire tambalea la cortina, pero esta no se debilitaba.
No me canso de mirar tu hermoso rostro, mirar nuestros recuerdos una y otra vez.
Miro hacia atrás y veo un rastro de cortinas, algunas a medias de descolgar , en cambio, otras estaban totalmente en el suelo.
Mis manos se comienzan a cansar y me deslizo poco a poco hacia el suelo, pero detrás de la cortina me agarran fuertemente. Mi mayor apoyo, mi mejor casualidad.
Vuelvo a mirar a la eterna oscuridad, donde solo se proyectan las sombras provocadas por la luz distorsionada que emite mi cuerpo.
Ahora lo comprendo todo. Creemos que todo se acaba, pero muchas historias quedan sin terminar, no nos hemos separado de esas personas totalmente, tenemos una conversación pendiente.
La vida es una carrera continúa con historias incompletas.
Volví a mirar a la persona de detrás de la cortina y sonreí. No estaba sola, diferentes manos me agarraban, ellos me hacían feliz, ellos me soportaban.
Ahora los aros eran irrompibles. Este era el verdadero mensaje.

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