Prometí no volver en garras del dolor, atraparme única y solamente en la felicidad, en el optimismo, lejos del cielo oscuro, lejos de tu mirada oscura, lejos de tus sombras.
Esa era mi intención antes de volver a la rutina, antes de sentarme cada tarde y mirarte mientras sonrío.
Tres horas me sirven y me bastan para alegrarme el día con solo verte, una palabra, una mirada, todo me hace sonreír, incluso, ver como te vas con otros y me miras para decirme adiós.
Tú me importas, ¿Yo te importo? Bienvenidos a una posible amistad especial, aquella que todos debemos de tener, aquella que proporciona la felicidad absoluta.
Cada vez que me ves mirándote bajo la mirada y sonrío, cada vez que me hablas acabo loco por tus palabras.
Simplemente, deberíamos de tener todos una oportunidad para conocer a la persona que queremos. Compartir una tarde para ver como funciona todo. Sin embargo, en diferentes ocasiones la vida nos obliga a olvidarnos de esos ojos cristalinos a base de duros golpes, esos golpes a los que yo defino "oscuridad".
Por eso aún no quiero acercarme, quiero seguir desarrollando la imaginación y vivir de ellos, ver tus ojos cada tarde, sonreír cuando nuestras miradas confluyen y sobre todo, volver a verme una y otra vez reflejado en tus ojos cristalinos, hasta tal punto que un día, sin darnos cuenta, quedemos reflejados en el corazón del otro.
Poco a poco todo se consigue, por ahora, sigámonos sonriendo desde cada lado de lo que parece un largo viaje.
Muchas gracias por leer esta reflexión, como siempre podéis opinar sobre lo que os ha parecido y darle me gusta.
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¡Los espero a todos apoyando esta reflexión y el próximo capítulo de Rosa Negra!.

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