Me encontraba allí, en aquel lugar perdido, el cual todo el mundo desconocía, lo llamaba sitio de reflexión, ya que allí se formaba un gran atardecer, cuando el sol se ponía por el horizonte brillaba en el gran mar que se encontraba ante mis ojos, pero no era un mar cualquiera, era EL MAR, donde había compartido muchos momentos, sobre todo los más divertidos fueron con mis amigos. Solía visitar aquel lugar cada semana, una vez o dos, bueno, dependiendo de mi estado de ánimo.
Era una época floreciente, es decir, primavera, solía ir a las 21:30 pm para prepararme para el atardecer. En esa ocasión me senté en un prado, rodeado de todo tipo de flores.
Observando cada una de ellas me encontré con una que destacaba de las demás, era un diente de león, aquello que pides un deseo y soplas, alomejor no se cumplía quien sabe, pero por intentarlo no iba a pedir nada.
Lo cogí con suavidad para que no se deformara, empecé a pensar el deseo que iba a pedir a continuación, miles de cosas inundaron mi mente: Amor; Amistad; Dinero; Felicidad; Salud.. Etc
Al pensar cada uno de esos temas con gran delicadeza, cuando llegué a uno en especial mi corazón dio un vuelco, era una sensación extraña, lo necesitaba, me hacía gran falta en mi vida.
Aquel tema era la amistad, necesitaba una gran amistad, la cual me hiciera muy feliz.
Soplé con mucha fuerza y con gran ilusión esperando que aquel deseo se cumpliera algún día.
1 año después se cumplió ese sueño y a partir de ahí contemplaba con él, el bello atardecer en aquel prado.

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