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Brillemos, pues.


Esa sensación de ahogo... No podía más, me faltaba el aire, mis manos temblaban sin parar, la lluvia sonaba lenta y tranquila en mis oídos pero en realidad era fuerte y caía muy deprisa, sentía que me moría solo y abandonado en los barrios pobres de Madrid, y que casualidad la mía que nadie pasaba por esos barrios, ahí estaba yo pidiendo ayuda a alguien que nunca encontraría, que nunca me traería el medicamento para sanarme, que nunca me diría cuanto te quiero para calmarme en situaciones de estrés, no, nunca aparecería.
Lo más cercano que has aparecido a sido a miles de kilómetros, por no decir millones, o trillones, nose si ni siquiera eras tu, apareciste en una red social, con eso aclaro todo.
Una persona mayor.. o no tan mayor, me empezó a gritar que me ocurría y vi como encontraba su dispositivo móvil y llamaba la ambulancia.
Eran las .. No se que hora era, sabía que estaba cerca de mi final, que la ambulancia no me ayudaría y que nadie podría hacerlo, el señor me postro en sus brazos, sosteniéndome como un simple bebe, de tal manera que me resguardaba del frío y la lluvia y él se llevaba la mayor parte.
Espera.. Podía oír esa melodía, ese suave toque de piano, me encantaba esa canción, era especial para mi, mi más preciado beethoven y su claro de luna, solo la escuchaba cuando estaba feliz, ahora me pregunto.. ¿Estaba feliz de morirme o de qué?
Mi último suspiro,mis ultimas palabras surgieron de mi boca para decirle a esa persona desconocida:
"El ritmo suave del piano nos ha unido, te veo en otro mundo, ahí brillaremos unidos. Te quiero y muchas gracias mi fiel y esperado amigo.

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