Muerto y tendido sobre la acera, la gente enloquecida formaba un circulo entorno a mi. Mi alma se encontraba frente al juicio final. Había dos caminos, el brillante y aclamado cielo, donde conseguía respirar la paz que se hallaba en el interior, viendo como las nubes,blancas como la nieve, brillaban gracias al sol. Oscuro y temeroso, así podía definir el infierno, su gran e interminable cielo oscuro, en el cual se podía notar la gran tensión y maldad que se encontraba en aquel lugar. Sentado frente al gran juez,lleno de temor por saber que me depararía mi futuro, empecé a temblar,emanando de mis ojos, lagrimas llenas de miedo.Decisión tomada, me levantaron, agarrándome del brazo fuertemente, me guiaron hacia mi destino, el cielo. Alegría y emoción, así me sentía cuando vi mi futuro, ante mis ojos azules, brillando como nunca lo habían hecho. En el momento en el que iba a entrar, Ella con su largo pelaje rubio, destacaba entre todos los seres de las tinieblas. Gritó mi nombre, con esa voz preciosa que todavía recordaba. La miré y vi como me abría sus brazos, de nuevo, sin dudarlo, soltándome de los guardias, corrí hacia ella, porque solo me importaba aquella mujer, la que había sido mi amor en el mundo de los vivos. Me abracé tan fuerte que nadie podía separarnos, unidos de la mano, entré con ella al mundo tenebroso, dejando atrás mi aclamado cielo, pero no me importaba, porque lo hacía solo y únicamente por ELLA
La primera gota cae en el vaso de cristal azulado vacío. Glup. El sonido de la gota al depositarse en el fondo resuena por toda la habitación sin luz, apagada, triste y desolada. Imaginense esa situación en nuestro interior, la primera gota que recorre todo nuestro yo interior marcando su paso a medida que avanza. imaginen sentarse en una silla mirando a la oscura habitación sin sentir nada, ni tristeza ni alegría... Absolutamente nada. Es más duro no sentir a poder sentirse triste. Cuando no sentimos quiere decir que estamos rotos en su totalidad por dentro, que no brotan lágrimas al llorar por aquello que nos duele, que no quedan risas para amenizar la vida. No queda nada. Simplemente queda un cuerpo sin sentimiento, con una mirada que intenta encontrarse pero está perdida en el mundo incapaz de volver a conectar con su yo interno. Pero nunca conecta, nunca encuentra. Las ganas están pero no la fuerza. La falta de motivación, la presión del día a día impide que conectemos ...

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