Cogí mi chaqueta, para dar un paseo por el frío sendero. Era otoño, la estación que más me gusta, viendo los arboles desnudos, rodeados de todas esas hojas que algún día pertenecieron a ese árbol, en el que ahora solo se podía apreciar sus suaves y lindas ramas.
El camino estaba desierto, tan solitario. Me resultaba extraño recorrerlo solo, antes, lo hacía con mi amada, la que un día llegaría a ser mi futura esposa, pero sucedió como las hojas de los arboles, en otras estaciones, se encuentra junto a las ramas, pero en otras, se desvanecen, separándose de éstas.
Contemplaba los bordes del sendero, en el cual, encontraba arboles desvestidos, rodeados de aquellas hojas verdosas, amontonadas, las cuales se movían al ritmo del fuerte viento.
Llegué a tal punto que mi corazón recordaba todo lo que había pasado en ese lugar, viendo el grabado en aquel árbol, sin poder continuar, me senté en unas escaleras a observar el lago, el cual, formaba pequeñas olas por la fuerte brisa.
Comencé a derramar gotas de agua cristalinas, que contenían cada uno de los recuerdos de éste lugar.
Hundido, triste y desquiciado miré al árbol que contenía aquel grabado, "17.2.15".
Me comparé con aquellas ramas caídas y desnudas, porque así me encontraba yo, decaído y desnudo, sin nadie que me abrazara como antes.
Me levanté y fui al tronco del grabado, con toda mi fuerza, arranqué la madera donde estaba esa fecha, que ahora solo era parte del pasado.

Comentarios
Publicar un comentario