Texto no recomendado para menores de 18 años.
Continuación de infierno, pinche aquí para ver el texto anterior.
Me tiraba fuertemente del coletero soltándome el moño perfectamente hecho. Nuestra ropa se encontraba en el suelo mientras Alex me rodeaba en su mesa del escritorio. Apartó todos sus papeles y clavó sus uñas en mi espalda. Bajó su boca hacia mis senos y agarró suavemente el pezón izquierdo con sus labios, tiró de él y me agarré a las cortinas que se encontraban detrás mía. Gemí alto, liberando el placer que tenía acumulado.
De repente me soltó el pezón, sus manos abandonaron mi espalda y me quedaba totalmente en penumbra. Alex no se encontraba y me quedaba sola, desnuda, encima de su encimera.
Me desperté sobresaltada, sudando y respirando fuerte. Ya hacía una semana que no sabía nada de Alex, desde que se lo llevaron los policías del bar. Había intentado hablar con él por todos los medios, pero al parecer estaba totalmente vigilado.
Me encontraba en un sin vivir, había perdido el apetito, no me quedaban lágrimas en el cuerpo. Mi madre intentaba ayudarme, al igual que mi padre, pero era intentos fallidos, solo quería que volviese a sonar el timbre y apareciese él, con su camiseta repegada, su pelo perfectamente peinado y su sonrisa de príncipe de cuento.
Sonó unos nudillos golpeando la puerta de mi habitación, entrando posteriormente mi madre.
- Elena... No puedo verte así, he conseguido algo para que te despejes.
- ¿El qué?
2 días después.
Dejaba el bolígrafo delante de la pantalla del ordenador mientras ordenaba los papeles impresos. Habría más de cien copias, Alan cada vez era más exigente y me costaba adaptarme.
Mi madre me consiguió una entrevista en una imprenta. A mi no me apetecía para nada trabajar, pero mi madre creía que iba a ser lo mejor para mi estado emocional. Era verdad que me ayudaba a mantener la mente ocupada, pero no lo suficiente.
- Vamos Elena, son las cinco de la tarde y esto tiene que estar para y media.
Alan llegó a la puerta de mi despacho apoyándose en el marco de la puerta con una gran sonrisa. Era joven, 24 años, un cuerpo trabajado, rubio y ojos azules, era bastante mono.
- Alan, no puedo ir más rápido, yo necesito ayuda.- Dije entre risas.
- Esto no es serio Elena- Dijo acercándose a mi.
No lo vi llegar hasta donde me encontraba apilando folios. Pasó una mano por mi pelo y comenzó a tocarme el cuello. Sus manos eran callosas, pero era una sensación agradable, mi mano y su cuello.
- Tengo un plan para ti y para mi
- ¿Para los dos? Ni loca- Moví el cuello y el separó la mano inmediatamente, ya llegaba por el hombro.
- Te va a gustar, es una fiesta, ¿Es lo que les gusta a las jóvenes no?
Dejé de ordenar folios y me giré hacia él con una sonrisa:
- Y a los jóvenes, no te confundas.
- A los dos, tal vez.
- ¿Y qué plan es ese?
- Un baile de máscaras, llega carnaval y entre los empresarios de la zona organizamos un baile benéfico en un descampado, donde hay una gran mansión, un lago y muchas cosas más que ya verás.
- Aún no he dicho que...
- Se que vendrás
- ¿Y si me opongo?- Noté como el tono varió en mi voz, ahora estaba hablando como hablaba a Alex, en tono juguetón.
- Se que no te vas a oponer.
Acercó su cuerpo al mío y yo me eché hacia atrás. Apoyé mi culo contra la mesa y me agarré al borde de esta.
- Nos vemos Elena, dentro de veinte minutos vengo a por los papeles, y veo que te quedan bastantes- dijo mientras abandonaba el despacho.
- Eso no vale, me has...
Y cerró la puerta dejándome con la palabra en la boca. Me mordí el labio.
1 día despues. 22:00
Sonó el timbre, y mi madre fue a abrir:
- Elena, es Alan, baja.
- ¡Ya bajo Mamá!
Estaba dándome los últimos retoques, me pinté los labios con el gloss rosa. Llevaba un vestido rosa, a juego con mis labios, no llevaba sujetador ya que era abierto por la espalda y quedaría demasiado feo.
Cuando bajaba las escaleras me acordé de la máscara y subí como pude con los tacones, tenía miedo de que se me viera algo, pero me sentía demasiado sexy.
Cogí el antifaz, Alargado y con plumas en los bordes.
- Viene usted radiante, Elena.
- Si es una fiesta de gala hay que ir con vestido de gala. Usted también se ha arreglado para la ocasión.- Le dije guiñándole un ojo.
- Parece que empieza fuerte la noche- relató metiéndose en el coche.
Durante el viaje íbamos callados, él iba centrado en la carretera y yo pensando en Alex, me hubiese encantado venir a esta fiesta con él.
Alan aparcó junto a los demás coches de los empresarios y me abrió la puerta cediéndome la mano:
- La fiesta nos espera.
En el interior de la mansión solo encontré gente oculta tras antifaces, agarradas de sus futuros novios, amantes... De repente Alan me pasó una mano por la cintura y me arrimó a él. Olía a un perfume francés caro, me encantaba.
- ¿Vamos a la pista de baile?
- Vamos.- Y me agarré a su cintura esbozando una sonrisa.
No sabía muy bien porque seguía ese juego, pero no perdía nada, estaba muy sexy y demasiado llamativo para mis sensores de mujer, me sentía totalmente atraída por él.
Comenzamos a bailar al ritmo de Back to Black de Beyoncé, notaba como sus manos cada vez iban bajando por mi vestido. Ese tacto con mi espalda hacía que me mordiese el labio, me recordaba a como Alex me tocaba en la cama del apartamento, lento y muy sexy.
- ¿Te gusta esto?
Tocó mi culo suavemente y posteriormente lo agarró. Abrí la boca emitiendo un suave gemido.
- Tal vez.
Alan me soltó de inmediato y se dio la vuelta para hablar con una persona escondida tras su antifaz.
Me giré para ver el ambiente de la fiesta, tranquilo y lleno de parejas bailando lentamente. Era un ambiente agradable.
Un hombre trajeado y con un antifaz negro pasó a mi lado y al mismo tiempo agarró lentamente mi pezón. El hombre salió rápidamente, me quedé helada en el sitio, había pasado en cuestión de segundos, pero ese movimiento... Era típico de Alex.
Salí corriendo en su búsqueda, ¿Estaba ahí?, Lo vi a lo lejos y comencé a gritar:
- ¡Alex!
Oí como Alan gritaba mi nombre mientras echaba a correr. El hombre no se paró. No sabía hacia donde iba, pero si su objetivo era llamar la atención lo hizo. Salimos fuera de la mansión y seguí corriendo tras él, joder, estaba demasiado cansada. Notaba como mis pechos se movían cada vez más rápido al aumentar la velocidad, pero no podía perderlo.
El hombre entró en una caseta de mantenimiento de la finca. Paré para recuperar el aliento y me decidí a entrar con paso firme, abrí la puerta y no vi a nadie, ¿Dónde estaba?.
La puerta se cerró de inmediato y alguien tapó mi boca, Intente gritar pero sus dedos inundaban mi boca.
- He vuelto, Elena.
Sonó la voz de Alex, pero sonaba distinto, más oscura.
Me empujó contra la pared y me rodeó con sus brazos. Antes de que pudiese decir algo metió su lengua en mi boca, me perdí nuevamente en los deseos de la diosa escondida, notaba como comenzaba a dilatarme, como mis pechos notaban el aumento de temperatura.
Me quitó el antifaz y el vestido en sólo dos movimientos, firmes y serenos. Intenté quitarle el antifaz pero cogió mis manos antes de llegar a tocarlo.
Estaba desnuda frente a él, con las dos manos situadas por encima de mi cabeza.
Vi como cogía algo de su bolsillo, era negro y largo... ¡Una brida!.
- Alex, no...
Ató mis manos con la brida y metió su pierna entre las mías obligándome a abrirlas. Bajó su fría mano hacia mis partes íntimas e introdujo uno de sus dedos, me retorcía de placer contra la pared. No podía parar de gemir, ¿Era esto un castigo?
- Alex... Suéltame.
Sacó su mano y sonrió. Me cogió la brida con una mano mientras que con la otra me empujaba para que agachase la espalda.
No conseguía ver nada, solo oía a mi corazón ir a tres mil por hora y la cremallera de Alex. Sonó nuevamente el plástico e inundó todo mi ser.
Su movimiento era firme y duro, muy constante, la temperatura de mi cuerpo aumentaba, no podía tocarlo y eso hacia que el sexo fuese mas placentero, lo deseaba, lo había echado de menos.
De repente paró y me levanté para verlo, se le veía indeciso, no sabía que hacer. Su erección atraía mi vista y fui yo la que me lancé a él. Comencé a besarlo y me apartó hacia la pared más cercana. Alzó mi pierna derecha y me penetró fuertemente.
Llegué al climax en cuestión de segundos y me quedé postrada contra la pared, notaba el sudor de mis poros y su fuerte aliento.
Me desató y no me esperó, salió rápidamente de la cabaña. Cogí rápidamente mi vestido y me lo puse, cogí la máscara y los tacones y salí corriendo.
Abrí la puerta y allí estaba, con la mirada perdida en el cielo, mirando las estrellas.
- Alex...
Y estalló el primer cohete.

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