Texto no recomendado para menores de 18 años.
Continuación de "Oscuridad". Pinche aquí para ver el capítulo anterior.
Las llamas intensas golpeaban mi cara. Sostenía aún la carta de Alex en mis manos. No me podía creer que esto me estuviese pasando ami. Eran las 10 de la noche y me encontraba sola en el cuarto de invitados de mi casa, mis padres habían salido de cena y yo estaba sola. Acurrucada en el sofá, bañándome en mis propias lágrimas e indecisa.
" Quémala, nadie puede saber esto."
No quería quemar la carta, era el único y triste recuerdo que tenía de él. Me levanté del sofá y me acerqué a la chimenea y observé las llamas. Mi corazón decía que no debía hacerlo, que la escondiese donde nadie pudiese encontrar, pero las llamas me decían que lo hiciese. Veía su cara mirándome fríamente, como el día de el baile de máscaras.
" Elena, ante todo pedirte perdón, no puedo explicar porque he cambiado."
Acerqué la mano con la que sostenía la carta y la deje caer lentamente. Veía como el papel se quemaba, desde su punta derecha inferior hasta el lado opuesto.
Me quedé delante de la chimenea llorando nuevamente, tenía que quemarla , por él.
" Es complicado contarte esto a través de una carta que estoy escribiéndola a escondidas. Como sabrás todo esto puede ir en mi contra, necesito que seas seria y no llores. Se que me quieres, yo también Elena. Son cinco meses, pasan enseguida. Puedes venir a verme cada jueves de 10 a 12 de la mañana. Es el horario de visitas de la prisión."
Cada día el cielo se tintaba de un color más oscuro, el sol no aparecía en ningún momento al igual que en mi corazón, todo era oscuridad, todo era tristeza.
En el trabajo conseguía despejarme un poco. No lo conseguía totalmente, siempre encontraba una palabra, un olor, cualquier cosa que me recordase a él.
Alan no me permitía faltar al trabajo porque estas fechas eran muy importantes para la imprenta, el número de publicaciones había aumentado un 50% y todos teníamos que trabajar hasta tarde.
En estas semanas Alan y yo cogimos confianza, me ayudó con el problema de Alex y me prometió que la última semana de Febrero podría ir a verlo. Para entonces haría dos semanas en prisión.
En estas semanas Alan y yo cogimos confianza, me ayudó con el problema de Alex y me prometió que la última semana de Febrero podría ir a verlo. Para entonces haría dos semanas en prisión.
" Una mujer vino alterada, llorando a mares a la farmacia. Me pidió un medicamento muy fuerte ya que los médicos no se lo querían recetar, se la veía mal. Padecía de Cáncer según me contó."
Miércoles 1 de Marzo.
Eran las 9 de la mañana cuando salí de mi casa en dirección a la imprenta. Iba vestida con un vestido rojo estrecho cerrado por dos botones, uno en el cuello y otro a la altura del culo. Cuando llegué todo estaba a oscuras, al parecer solo estaba Alan.
- ¿Alan?
- Elena te estaba esperando. Hoy es el gran día, por fin se acaba tanta publicación.- Dijo entusiasmado y acercándose ami.
- Alan, no hay nadie. ¿Dónde están todos?
- Quería hablar contigo.
Se acercó y rodeó mi cuello con sus musculosos brazos. Noté como mis mejillas aumentaban de temperatura, como mi respiración se aceleraba con su acercamiento.
- A..Alan...
- ¿Estás incomoda?
- N...No.- Dije con una sonrisa y mordiéndome el labio.
Alan y yo siempre nos quedábamos siempre los últimos en la imprenta, noté en varias ocasiones como nuestra química iba aumentando poco a poco. Aunque me costara creerlo, llenaba el vacío que Alex me producía. Cambió en muchas ocasiones las lágrimas por sonrisas.
Soltó el botón del vestido situado a la altura del cuello. Se rió y agarró mi mano y me arrastró hacia el despacho. Olía a café recién hecho. Soltó mi mano y apartó todas los papeles y el ordenador.
Estaba apoyada contra la puerta mientras veía como sus pectorales se contraían al coger esa cantidad de papeles. Como su erección iba aumentando con cada mirada que me lanzaba.
Cerré la puerta y tapé las ventanas corriendo las cortinas.
Me agarró de la cintura y me sentó sobre la mesa. Comenzó a besarme lentamente mientras sus manos recorrían mi cuerpo. Encontró el botón restante del vestido y tiró fuertemente de él.
Me levanté para quitármelo y quedarme en ropa interior delante de él.
Me miraba con una sonrisa, con ganas de tenerme entre sus brazos.
Me abalancé sobre él empujándolo contra la ventana. Sonó un fuerte golpe al chocar su cuerpo contra el cristal. Sus manos recorrían mi cuerpo mientras lo desnudaba. Primero la chaqueta, luego, cada botón de la camisa mientras besaba el área que iba quedando descubierta. Oía como gemía, como sus manos se tensaban agarrando mi espalda. Estaba muy cachondo.
Tiré la camisa al suelo y seguí por su cintura. Tiré suavemente del botón de sus pantalones e introducí mi mano en él. Cogí su erección y comencé a mover la mano de arriba a bajo.
Gemía cada vez más fuerte y su respiración era demasiado rápida. Le bajé los pantalones y antes de poder seguir tocándolo, tiró de mi sujetador, desabrochándolo de un fuerte tirón.
Cayó al suelo y mis pechos quedaron al descubierto. Me agarró de la cintura y me llevó hacia la mesa. El café seguía en la mesa.
Comenzó a tocar todo mi cuerpo suavemente. Gemí.
Llegó a mis zonas íntimas y sonrió. Apartó las bragas sin quitármelas y comenzó a tocar la zona del clítoris.
Gemía cada vez más rápido mientras movía mi cuerpo al ritmo de su movimientos.
Sacó su mano y cogió el café que echaba humo. Absorbió un gran tragó y se subió a la mesa, encima mía.
Comenzó a soltar pequeñas gotas de café a lo largo de mi cuerpo. Estaba muy caliente y hacía que mi temperatura interna aumentara más.
- ¿Esto es lo que te gusta Elena?
Llegó a mis pezones y comenzó a echar más café. Con cada gota se iban poniendo cada vez más duros.
Eché las manos hacia atras y agarré con fuerza el borde de la mesa.
Agarró mis bragas y las sacó mientras iba besando mi pierna. Gemí nuevamente. Estaba muy excitada y ahora era yo la que lo quería dentro de mi.
- Hazlo.- Le dije con voz sexy.
Sacó del cajón un preservativo y se lo puso en cuestión de segundos. Penetró mi vagina sin reparos y comenzó a moverse rápidamente. Lo agarré del cuello mientras lo besaba. Oía sus gemidos al igual que él oía los míos.
- Córrete Elena.
Desplazó su mano derecha hacia mis partes íntimas y comenzó a tocar mi clítoris. Gemí fuertemente y me vine con él dentro. En cuestión de segundos él se corrió dentro, pero el preservativo nos protegía.
***
Había sido un duro día de trabajo, habíamos recopilado más de 400 ejemplares de libros, periódicos... Estaba en mi mesa, haciendo los últimos ajustes de los últimos pedidos. Notaba como el vestido se pegaba a mi cuerpo por culpa del café. Cada vez que lo recordaba me mordía el labio.
Una parte de mi quería a Alan, un empresario, estaba bueno y era amable. Pero otra parte amaba a Alex.
Con solo de pensar en Alex mi estomago se encogía y las ganas de llorar aumentaban. Estaba confusa.
La mayoría de la gente ya se había ido. Llamé al despacho de Alan y me permitió la entrada.
- ¿Cuántas personas quedan?
- Creo que tres y dos de ellas somos nosotros.
Se levantó de la silla y se acercó ami. Recogió mi pelo en el hombro izquierdo.
- Elena, ha sido... Fabuloso.- Dijo mientras me tocaba la cara con el pulgar.
No dije nada y lo besé.
Sonó la puerta de salida, por lo que solo quedábamos los dos en la imprenta.
- Te quiero Elena, me dijo mientras agarraba mi culo.
- Esta vez sin café.
Nos desnudamos y marchamos hacia la silla. Esta vez fui yo la que tomé el control sobre él postrándome encima suya. Le puse el preservativo y la introduje dentro de mi. Comencé a moverme mientras mis pechos rozaban sus pectorales.
***
- Alan ya sabes adonde voy, seguramente te contaré después. Estoy confusa.
Jueves 2 de Marzo.
Estaba esperándolo en la silla, me mordía los nudillos de la mano. Estaba muy nerviosa, no sabía contarle que me había acostado en dos ocasiones con Alan, que una parte de mi corazón era suya pero otra era de Alan.
Entró con un mono naranja, peinado perfectamente aunque con cara de cansancio.
Se acercó corriendo y me besó. Me quedé en shock y acogí tiernamente su beso.
Nos sentamos y me agarró la mano.
- Tenía tantas ganas de verte...
Su voz volvía a sonar amable, como antes de que desapareciese. Eso hizo que mi corazón se ablandase más de lo que estaba.
-¿Leíste la carta?
- Sí Alex. Todavía no me lo puedo creer.
Esos pensamientos oscuros volvieron a inundarme. Las palabras se repetían en mi cabeza como la primera vez: "muerte", "cinco meses"
- Tranquila mi amor, es poco tiempo, dentro de nada estaremos juntos.
Los ojos se me llenaban de lágrimas y no pude remediarlo.
- Me he acostado con Alan, hemos iniciado una relación.
Su mirada se volvió oscura, sus manos heladas y su expresión describía un carácter enfadado.
Soltó mis manos y golpeó la mesa antes de levantarse. Se dirigía a la puerta, cabizbajo, sin decir nada.
- ¡Alex!- Grité llorando.
El guardia ordenó por el walkie talkie abrir la puerta. Alex entró y se giró para verme. El guardia dio otra orden y la puerta comenzó a cerrarse.
- ¡Si te vas te prometo que esto ha acabado Alex.!- Dije intentando que se arrepintiese y volviese.
- Elena
- Alex.
" Elena, ante todo pedirte perdón, no puedo explicar porque he cambiado. Es complicado contarte esto a través de una carta que estoy escribiéndola a escondidas. Como sabrás todo esto puede ir en mi contra, necesito que seas seria y no llores. Se que me quieres, yo también Elena. Son cinco meses, pasan enseguida. Puedes venir a verme cada jueves de 10 a 12 de la mañana. Es el horario de visitas de la prisión. Una mujer vino alterada, llorando a mares a la farmacia. Me pidió un medicamento muy fuerte ya que los médicos no se lo querían recetar, se la veía mal. Padecía de Cáncer según me contó.
Esa mujer estaba muy mal y yo no sabía que hacer, iba a morirse y no podía tener ese cargo de conciencia. Entré en el almacén a escondidas y saqué cinco cajas de lo que me pidió. La mujer me dio las gracias y se fue.
El día posterior al de San Valentín vino una inspección a la farmacia para averiguar porque faltaba medicamento. El día de lo del bar, la mujer a la que había suministrado había muerto de sobredosis.
Mis compañeros dijeron que el turno en el que las cajas desaparecieron era el mío. Por eso vinieron a por mi.
He intentado defenderme, no hay pruebas de que yo les diese las pastillas, por eso está pendiente rebajarme la condena a tan solo un mes. Elena, te quiero mucho. Esta es la verdad, por eso no te lo podía contar el día del baile de máscaras.
Ahora.Quémala, nadie puede saber esto.
Elena si alguien viese esto estaría condenado a años en prisión y no puedo estar sin ti tanto tiempo.
XXX
Alex."

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