Texto no recomendado para menores de 18 años.
Continuación de Baile de máscaras. Pinche aquí para leer el capítulo anterior.
Los cohetes sonaban e iluminaban el negro cielo. Apretaba los puños de la rabia, mis mejillas estaban mojadas por las lágrimas que descendían de mis ojos.
- ¿Sólo me quieres para el sexo?- Susurré en el último intento de que mi hiciese caso.
- No.- Dijo fríamente y sin girarse.
Su pelo iba unido al movimiento del viento, un viento frío y tenue.
- No debería de estar aquí, tú mismo me llamaste, ¿Para qué? Me merezco una simple respuesta ¿Qué te ha pasado?
- Elena...- Dijo girándose hacia mi.
Vi como su rostro se bañaba en lágrimas. Su voz era mucho más oscura que antes, sus ojos, irradiaban temor al mundo, miedo de alguien o tal vez de algo.
Solté los tacones y la máscara y me dirigí lentamente hacia él. Con cada paso que avanzaba el retrocedía. Paré de inmediato, no quería que lo tocase.
- ¿Por qué huyes Alex?
- Elena todo tiene una explicación, simplemente no puedo dártela.
- Adiós Alex.
Me di la vuelta, me puse los tacones y la máscara y volví hacia la mansión. No tenía intención de pararme, quería que me marchara, que lo dejase en paz de una vez por todas. Eso era para él, una mujer la cual se abre de piernas y le da placer.
Entré a la mansión cuando todo el mundo bailaba una canción romántica, algunos se besaban otros, bailaban pegados. Buscaba a Alan para pedirle disculpas, sobre todo por haberlo dejado tirado por Alex.
Una mano tocó mi hombro y me giré sobresaltada.
- ¿Dónde estabas? Te he buscado por todos lados.
- Tenemos que hablar Alan, no me apetece fiestas ni bailes...
- Alex, ¿Verdad? Se que ha venido, además estás despeinada.- Me interrumpió.
- No voy a dejar que te arruine la noche un hombre que solo te quiere para asuntos sexuales, yo te quiero Elena, bailemos juntos.
Pasó nuevamente una mano por mi cintura y me arrimó hacia él. Notaba el bulto de su entrepierna en mi pierna mientras bailábamos. Agarré su chaqueta y al mismo tiempo le susurré : "Hoy no."
Me separé de él mientras le hacía una seña de que volvería dentro de poco tiempo.
No me conocía la mansión, aunque muchas mujeres llevaban el mismo recorrido. Las seguí ya que supondría que irían al baño.
Había una gran cola debido a que un baño se había averiado. Los hombres se encontraban en paralelo a nosotros esperando una cola mucho menor.
Una mujer llevaba en el baño diez minutos. Ante la espera comencé a rebuscar en el bolso. Buscaba el gloss para retocarme en el baño ya que no tendría muy buen aspecto tras la situación anterior.
Me dieron un golpe y el bolso cayó al suelo esparramándose por todo el suelo todo su interior
- ¡¿No ves por dónde vas o qué?!- Grité.
Un hombre trajeado con la misma mascara de Alex se giró pero no dijo nada. El corazón me dio un vuelco y el impulso nervioso colapsó mi cerebro, era Alex.
Recogí corriendo el contenido del bolso y salí corriendo tras él, las demás mujeres de la cola me miraban extrañadas, pero me daba igual. ¿Qué hacía aquí otra vez?.
Entró en la segunda sala de baile, la cual estaba totalmente a oscuras exceptuando la luz un rayo de la luna que atravesaba una cortina descorrida.
- ¿Alex?- Dije cerrando la puerta.
- Elena... Lo siento, no podía contestar antes. Tengo poco tiempo.
- ¿Poco tiempo por qué? No te vas a mover hasta que me contestes.
- Me han detenido y me han dejado dos horas libres para ir a despedirme de mi madre, en realidad he venido a buscarte, a decirte lo mucho que te quiero.
Un rostro se acercaba hacia mi lentamente.
- ¿Detenerte por qué?- El corazón se me aceleraba, no podía creerme nada.
- Tráfico de medicamentos inapropiados.
Me cogió las manos y me besó. Sus manos encerraron a las mías en un rápido movimiento llevándolas hacia su culo. Comenzó a besarme el cuello. La diosa interna quería más, pero mi corazón no, necesitaba saber porque lo habían arrestado.
Bajé la cabeza y Alex me soltó rápidamente.
- ¿No quieres jugar?
- Ya hemos jugado Alex, ahora toca decir la verdad.
- No puedes saber más, puede que me estén vigilando, todo puede ir en mi contra. Te lo contaré algún día.
- ¿Por qué no me dejas tocarte Alex? ¿Por qué has cambiado?.
Las luces de la sala se encendieron y comenzó a sonar una música lenta. Agarró mi mano derecha y me aceró a él. Notaba su aliento, su fuerte e impaciente respiración. Su mirada era oscura, me miraba distinto a como me miraba antes.
Comencemos a bailar al ritmo de la música, me daba vueltas, me besaba, pero no decía nada.
La sala se iba llenando de gente, todo lleno de parejas. Tenía miedo de que Alan llegase y me viese con Alex después de todo, pero mi corazón lo necesitaba, lo amaba por encima de todo.
La música paró de repente y todos aplaudieron. Se encendió una pantalla en la que daban las gracias a todos por su visita y volvió a sonar la música con un ritmo totalmente diferente, sensual y muy erótico.
Me mordí el labio y lo miré entrecerrando los ojos. Alex me pasó una mano por la cintura arrimándome contra su erección. Comenzó a bajar hasta palpar mi culo, noté su risa y me dio un pequeño azote, gemí de la excitación que estaba comenzando a brotar en mi interior. Yo también comencé a bajar mi mano, primero por su torso, acariciando sus pectorales. Tiré de su pezón al igual que a él le gustaba hacerlo con los míos, oí su suave gemido y comenzó a bajar más rápido.
- Juguemos nuevamente, Elena.- Dijo en un susurro.
Mi diosa interior estaba deseando que llegase y me tocase.
- ¿Y ahora qué?
Se comenzó a reír y metió las manos por el hueco de mi espalda y el vestido, no sabía si alguien nos observaba, pero estaba demasiado ocupada en retenerme ante tanto placer.
Seguí bajando mi mano hasta tocar su erección, pasé mis manos varias veces por ella. Oía sus gemidos cada vez que lo tocaba y sus ganas de poseerme ahí mismo.
- Para.
En ese mismo momento metió sus manos por mis bragas y tiró fuertemente de ellas. Noté un crack y las bragas cayeron debajo mía. Alex las arrastró hacia él con el pie. Su mano tocó mis partes íntimas. Gemí al mismo tiempo que besaba su cuello y me agarraba a su delicada chaqueta.
- Dame más, Alex.- Dije entre gemidos.
Todos bailaban al ritmo de la música mientras Alex me penetró con dos de sus dedos. Los notaba dentro de mi, como se movían describiendo pequeños círculos en mi interior.
Con su mano dentro de mi, comenzó a bajar para recoger mis bragas, se las metió en el bolsillo mientras sonreía.
- Acabemos con esto.
Aceleró el ritmo mientras que me escondía en su cuello para ocultar mis gemidos. Sacó las manos mientras gemía más alto. Llegué al clímax y caí rendida ante él.
- Me tengo que ir.
Me volvió a besar y se marchó. Cuando volví al mundo en el que me encontraba, estaba sola en la pista de baile, sin bragas y con los pezones duros.
Salí en busca de Alan a la sala de abajo. Lo encontré enseguida, ya que seguía en el mismo sitio en el que nos habíamos despedido.
- Alex se ha ido- Dije con voz tenue y triste.
- ¿Dónde Elena? Dime que no...
- Sí.
Me agarró del brazo y me abrazó fuertemente. Oculta por el antifaz comencé a llorar. Mis lágrimas caían sobre su pectoral, oía su voz, intentaba consolarme.
El resto de la noche cambió por completo, comencé a beber junto a Alan y bailamos hasta ser los últimos de la sala.
- Alan es hora de irnos.- Dije como pude.
La sala me daba vueltas y el corazón me iba a mil por hora, me apetecía fiesta, seguir bailando.
- Ven- Le dije.
Le llevé hacia el lago donde había discutido con Alex.
- Un baño para despejarnos.
Recogí mi pelo con una delicada pinza y comencé a quitarme el vestido. Vi como los ojos de Alan se iluminaban a cada centímetro que descendía el vestido.
- No estas en las mejores condiciones, Elena vístete.
Me quedé completamente desnuda, tiré el vestido al suelo y me dirigí al agua. En cuestión de segundos Alan me acompañaba con ropa interior.
- A la luz de la luna eres más hermosa.
Me acerqué a él y lo besé.
***
Me levanté en una cama poco familiar, suave y muy calentita. La habitación no me sonaba para nada.
No recordaba nada de lo de ayer, solamente que besé a Alan en el lago. La puerta se abrió lentamente y apareció Alan en boxers. Yo llevaba puesto el vestido de anoche, aunque bastante descolocado.
Mis ojos se dirigieron hacia su torso desnudo y me mordí el labio. Debió de notarlo cuando se comenzó a reír.
- Buenos días princesa, es hora de levantarse.
Se acercó a besarme pero aparté la cara, no sabía que había ocurrido anoche pero era presa del alcohol.
Me dejó una camisa y pantalones y me dirigí a casa. Dentro de unas horas estaría en la oficina trabajando y necesito una buena ducha.
El agua caía sobre mi pelo mientras pensaba qué podía haber sido de Alex. Desapareció sin más, únicamente me dijo que era tráfico de medicamentos.
Salí rápidamente de la ducha, me sequé, recogí mi pelo en una trenza y me vestí, camiseta ajustada escotada y pantalones vaqueros.
Marché hacia la farmacia donde él trabajaba con intención de buscar una solución.
" Cerrado hasta nuevo aviso."
Joder, no me lo podía creer, no podía saber nada de Alex... ¿Hasta cuando? Los nervios me invadieron y la ansiedad aparecía en mi cuerpo, lo quería. Estaba segura.
Llegué al trabajo cabizbaja y sin ganas de saludar a los empleados. Entré en mi despacho y cerré la puerta para que nadie me molestara.
Me dolía la cabeza por la resaca y no podía concentrarme lo suficiente.
El teléfono comenzó a vibrar dentro de mi pantalón. Lo saqué y observé quien era. Un número desconocido.
- ¿Si?
- Elena,soy Alex, tienes que venir antes de las 12:00 a la prisión de la ciudad, te lo explicaré todo, ya tengo sentencia. Corre. Te quiero.
Eran las 11:15 y la prisión se encontraba a media hora. Apagué el ordenador y salí disparada hacia la prisión, sin dar explicaciones a Alan, el cual gritó mi nombre al verme salir corriendo.
Todo me daba igual, iba a saber que le pasó a Alex, pronto estaríamos los dos nuevamente juntos... Como esa noche de San Valentín.
Llegué a la prisión a las 11:57. En recepción di el nombre de Alex.
- El horario de visita se ha acabado, lo siento
- Son y 58, el horario de visita es hasta las 12, necesito pasar, es mi novio.- Dije como pude con desesperación.
- Vuelva mañana.
Golpeé el cristal y me fui hacia la izquierda, a la sala de visitas. Entre los barrotes de la puerta lo vi, cabizbajo y con un traje naranja.
- ¡Alex!- Grité con toda la voz que me quedaba.
Alex giró la cabeza y corrió hacia la puerta, los policías se acercaron rápidamente pero pidió un minuto.
- Coge esto sin que te vea nadie y léelo fuera. Nos vemos.
Un papel puntiagudo tocó mi tripa y lo cogí sin reparo. Lo escondí en el bolsillo de los pantalones y salí de la prisión al ver como Alex entraba por la puerta. Una puerta que seguramente lo encaminara hacia algo oscuro.




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