Ir al contenido principal

Mis 13 razones.


No recomendado para personas sensibles. 
(Relacionado con la serie "13 reasons why")
(Historia totalmente ficticia).

Hannah Baker
 Alex Standall

"Hola soy -----, así es no toques lo que estés usando para leerme, Ponte cómodo porque estoy apunto de contarte la historia de mi vida"
¿Te suenan estas palabras Hannah? Tú misma las usaste para recordar a todos que tu muerte no ocurrió de la nada, que llevabas un tiempo aguantando todo tipo de maltratos. 
Es verdad, nadie te hacía verdaderamente caso cuando tú estabas lanzándote por un precipicio cuyo final llegaba con ocho letras "suicidio".
He de reconocer que estoy en una situación parecida. No tan extrema, o tal vez sí. Según mi carácter sí, según el de otros, tal vez no.
Cada vez que recordaba esas doce razones que me llevaban a esto ardía de la rabia, pero no podía más. Sentía que el mundo no me arropaba, que era un simple estorbo para todos los demás.
Nadie alcanzaba la plena felicidad si me sentaba a su lado.
Era una materia oscura incapaz de dejar pasar el menor rayo de luz. Solo emitía radiación, radiación maligna.
Yo no voy a grabar cintas como hiciste tú, Hannah, todos saben el daño que me han hecho, pero no saben como me ha afectado a mi.
Razón número 1. Desprecio. Cuando aún no era lo suficientemente maduro, observaba como al pasar por los pasillos se giraban sus rostros malignos, me miraban y susurraban mientras emitían leves risas. Me lanzaban cosas en clase, no me dejaban de molestar para que me regañasen a mi. A día de hoy, algunos fingen ser mis amigos, pero ninguno de ellos ha sido capaz de disculparse por todo lo ocurrido. 
Razón número 2. Maltrato. Sigo en mi maldita etapa de la juventud. Todo ocurría en el mismo y frío lugar, era algo peor que el infierno. 
Me amenazaban si no les dejaba lo que ellos pedían, me empujaban simulando que era inconscientemente, me rajaban el material escolar, me tiraban los bolígrafos por la ventana y yo, simplemente iba a recogerlos mientras todos se asomaban y se reían de el pringado de turno.
Llegaba a casa y fingía que era feliz, al fin y al cabo, aún estaba en una etapa en lo que todo podía mejorar.
Mi familia me sonreía siempre, me daban abrazos cada vez que me veían al igual que otros de los amigos que si se comportaban bien conmigo (por ahora).
Razón número 3. Confusión. Ya hablamos cuando tenía dieciséis años, en mi grupo de amigos me daba cuenta que me esquivaban de vez en cuando. 
Un día lluvioso pregunté porqué no quedábamos para ver una película y divertirnos después, pero todos se negaron a salir. En estas condiciones decidí salir con mi madre a comprar y allí los vi a todos. Postrados frente al mostrador esperando su turno. Sé que me vieron, todos se giraron al unísono. Y yo allí, frente a ellos mientras mi corazón comenzaba a encogerse.
Les pregunté al instante porqué no me avisaron, la mayoría no contestó, solo uno de ellos dio la cara: "Te enviamos un mensaje pero no contestaste". 
Querían confundirme, lo sé. Revisé el número de chats de WhatsApp, "0", tal y como pensaba.
Cada razón me dolía más, cada vez eran más fuertes. Me temblaba el pulso al escribirlas en el folio mojado por mis lágrimas. No podía desaparecer sin más, necesitaba dar las razones. Joder a aquellos que me jodieron a mi.
Razón número 4. Primera traición. Es verdad que llevaba poco tiempo con estos amigos pero, al fin y al cabo, la gente había comenzado a dejar de reírse de mi y ahora, había conseguido a mi primer grupo de amigos, aunque, a día de hoy, ya no saben ni que existo, hasta que reciban esta carta. 
(Venganza declarada, como tú informaste a los tuyos Hannah). 
Tras el conflicto de unas noches pasadas (Razón número 3) decidí dejarlo pasar y darles una nueva oportunidad (y ojalá no lo hubiese hecho nunca). Era la noche de halloween y todos decidieron de dar el típico paseo de "valientes". Quedamos a las doce de la noche en el descampado de detrás de la escuela para colarnos por la verja rota y entrar a oscuras totalmente. 
Hacía bastante frío y me encontraba solo en el descampado. Oía sonidos raros y estaba bastante asustado. Mandé un mensaje por el grupo pero nadie contestó, me habían dejado tirado, nuevamente.
Encendí la linterna del móvil y vi una sombra detrás mía. Comencé a correr y tropecé con una roca golpeándome la cabeza contra el suelo.
Al día siguiente, cuando desperté mi madre me dijo que mis amigos se habían marchado sin esperar los resultados de mis pruebas.
Decidí salirme del grupo y dar más oportunidades, estaba harto de que la gente jugase conmigo, nuevamente.
Razón número 5. Desvalorado. No sé si fue a partir de aquí cuando el mundo dejo de tener ese color verdoso que alegraba a cualquiera, cuando la lluvia no era agua, sino ácido.
Estabas solo, llorando, con apoyos que no sabían como ayudarte, y , como siempre, caí. No te conocía apenas pero, mi conciencia no podía dejarte ahí tirado con buitres que solo querían aprovecharse de ti. Te consolé, en navidades, día tras día hasta que vieses lo positiva que era la vida (Yo, en estos momentos, estaba feliz porque había encontrado un amigo). Nuestra relación fue consolidándose hasta tal punto que nada podía interferir en el núcleo de nuestra amistad. Hasta el punto de que te olvidaste de mi cuando fuiste feliz. Me dejaste tirado en numerosas ocasiones, con tus mentiras. Me desvaloraste totalmente como persona, fui yo quien te apoyé, y , ahora, has decidido volver con los buitres.
No es el mismo caso pero parecido ¿No Hannah? Tú tenías a tu amiga, y, le viste ahí solo, nuevo en el instituto, efectivamente, Alex. 
Y es que, a las personas buenas no se nos valoran, nos entregamos plenamente a los demás, recaemos varias veces en la misma piedra y aún así, nos dejáis tirados tantas veces como os plazca.
Hannah, te diste cuenta de las intenciones de Alex demasiado tarde, al igual, que yo con las de mi razón número 5.
Razón número 6. Primera traición. Cuando hablo de que en el número cinco empezó todo, llevaba razón. Después de que me dejase tirado por los buitres volvió semanas después. Y yo, como tonto que fui te volví a aceptar en mi corazón. 
Todo comenzó a ir genial, como antes, hasta que decidiste meter mierda del pasado. Decidiste entrometerte en mi vida sentimental pasada, reviviendo mis emociones y a la vez rompiendo todo el amor con el que te quería. Recuerdo llorar en cualquier calle, callejón y casa en los que pisaba. Podría decir que empecé a saber que hay gente con malas intenciones. Almas sin corazón. Ahí es donde te incluyo.
Razón número 7. Segunda traición. Me has ocupado dos razones y en esta no eres protagonista, pero sí personaje secundario. Revolucionaste mi grupo de amigos e hiciste que muchos de ellos se pusiesen contra mi. Ninguno de ellos sabía los insultos que se habían llevado por parte tuya, a día de hoy, siguen ocultos, pero cuando vosotros os sintáis identificados sabréis que os llenó la cabeza de tonterías y que semanas antes os había insultado. 
Aún no había superado la primera traición cuando la segunda me estalló en toda la cara.  Insultos y risas contra mi golpeaban a diestro y siniestro el día que fue el peor de mi vida.  Delante de más de cien personas me dejaron en evidencia. Me acuerdo de coger la mochila y salir corriendo. Todos me señalaban, todos susurraban que era el maldito demonio en persona, cuando en realidad, lo eran ellos.
Razón número 8. ¿Justicia?. Estaba harto de ser el humillado (tú también te sentías así Hannah). La noche más fría de invierno salí de mi casa bien abrigado y con la grabadora encendida. Sabría donde encontraría a la razón número 5 para acabar con él. Comencé a gritarle todo lo que había hecho y como me sentía en ese momento. El admitió que insultó a los que supuestamente eran mis amigos pero ahora era yo el que estaba solo.
Le recordé que los malos siempre pierden y me marché.
Decidí reunir a mis amigos y exponer el audio que había grabado. Sus bocas abiertas y sus rostros de espanto reflejaban la realidad, todo había sucedido tal y como conté. 
Pero no me pidieron perdón, siguieron humillándome porque era yo el culpable de esos insultos, además, me recordaron que todos los que me rodeaban no eran felices. Que yo era el mal en persona.
Recuerdo cada pisada alejarse, y, dejarme solo mientras las lágrimas recorrían mi cara. 
Todos pasaban a mi lado, todos me ignoraban.
Razón número 9. El perdón. Pasaron semanas desde todo lo ocurrido, cada mañana bajaba la cabeza cuando me encontraba con gente por los pasillos, por vergüenza, por miedo, por múltiples factores que ni yo mismo conocía.
El sol entraba con toda potencia por las ventanas, había decidido no ir a clase de educación física por múltiples causas: Me daban empujones y se reían de mi cuando no realizaba bien los ejercicios. Por lo que me quedé en clase con la puerta cerrada.
Entraron rápido y cerraron la puerta con cuidado. Todos mis "amigos" me rodearon y comenzaron a pedirme perdón uno por uno. Yo no levantaba la vista del papel, no quería verlos, no después de todo.
¿Cómo iba a perdonarlos después de todo el daño que habían causado?
Razón número 10. Conocidos. Tras todo lo sucedido era incapaz de confiar en alguien, si que hubo gente que se apiadó de mi y se juntaba conmigo en los recreos e incluso quedábamos por la tarde para hacer deberes, estudiar... Pero era incapaz de confiar en los demás.
¿Por qué hay personas que saben tocar tu corazón?, tú lo hiciste en dos meses, rozándome poco a poco el corazón, haciendo que confiase en alguien nuevamente (maldito día).
Razón número 11. Me quedan dos razones, y tú las completas ¿Todas?. En efecto, no. No fuiste tan listo como para permanecer al lado del mal tanto tiempo. Querías que tus amigos volviesen de su ciudad natal para abandonarme, rápidamente, de un día para otro. Me bloqueaste en redes sociales y sin despedirte.
Aquí es el punto de mi vida donde decidí que mi esencia había desaparecido, que todo el mundo me miraba mal aunque algunos directamente ni se percataran de mi presencia. Estaba perdido en un mundo venenoso. La injusticia afloraba en cada lugar. Los que deberían ser felices no lo eran y, los que no se lo merecían lo eran más que nunca. 
Había oído hablar en numerosas ocasiones a mis padres de como mis tíos y primos me criticaban a la espalda. Mi madre me defendía, mi padre, los intentaba excusar porque era su familia, pero siempre acababa recayendo.
Ni mi familia me quería, estaba solo. 
Pero aún queda la peor. Aquella que no me atrevo a contar, porque aún no ha finalizado.
Razón número 12. Mi último amigo. Apareciste de la nada, preocupándote por mi cuando me sentía mal, querías venir a cuidarme sin conocerme si quiera. Me planteabas cada noche un maldito enigma que me arrancaba una muy débil sonreía. (Lo siento, ya no sonreía, verdad ¿Alex? Tú no podías volver a sonreír tras lo sucedido, tras lo de Hannah). 
Todo comenzaba a  ir genial, como en todas las razones anteriores. Y, como ya me conocía la historia yo mismo la corté. Avisé al nuevo de que me dejaría tarde o temprano. Pero él insistía más que yo en que sabía mi historia y que no se iría, el no era defensor de las injusticias.
Es verdad que te has comportado genial conmigo, de hecho, no mereces ser una de las razones por lo que justificar mis actos posteriores. Pero, por el simple hecho de no ver que estaba muriéndome por dentro, y, por no darte cuenta de que ya deberías de haberme dicho todo estás aquí. 
Ahora, cuando todo esto haya acabado, quiero que mandes esto a todas las personas que aparecen en el cajón de mi escritorio, quiero que se haga verdadera justicia.
Puse punto y final en el folio, ya era hora de acabar de citar las doce razones que me habían llevado a hacer lo que iba a hacer.
No incito a nadie que haga lo mismo que yo, pero yo ya estoy muerto, solo es un alma que busca el descanso. 
Mis padres se habían ido de compras, por lo que volverían pronto. Mi móvil no dejaba de vibrar pero no quería verlo, a fin y al cabo, la decisión estaba tomada.
Me dirigí al cajón de la cocina y saqué un cuchillo. 
Atasqué el pomo de la puerta con el palo del cepillo. El móvil no dejaba de vibrar. Pero no podía hacerlo, no podía mirarlo. 
Ahora Hannah Baker te entiendo de verdad, yo también conocí a un Alex y me dejaría tarde o temprano, no quiero que me rematen, no quiero que rematen a un muerto.
Agarré el pomo de plástico de cuchillo con la mano derecha y me dirigí a mi muñeca izquierda. En el colegio habían comentado que si te abrías la muñeca de derecha a izquierda no te desangrabas, la clave, estaba de abajo a arriba.
Tembloroso e inundado de lágrimas apoyé el frío metal sobre mi muñeca izquierda. La punta ya pinchaba la vena que más se apreciaba. Apoyé el cuchillo más fuerte y una pequeña gota emanó de mi muñeca. Grité de dolor. Pero volví a recordar algo, un muerto ya no siente dolor. 
Apreté aún más el cuchillo y fui rajando cada poro de mi piel. Las gotas sonaban cada vez que golpeaban el suelo. 
Fue rápido y brusco. Olía la sangre emanar de mi brazo izquierdo. 
La vibración del móvil acompañaba a el suave golpeteo de las gotas de sangre contra el suelo. Me moví lentamente por la habitación. Cada vez tenía una imagen más borrosa y mis fuerzas flaqueban. Apoyé el cuchillo en la mesa y desbloqueé el móvil con la derecha.
Razón número 13. Preso de un te quiero. 
Veinte mensajes inundaban mi whatsApp todos ellos diciendo te quiero. 
No debería haberlo visto. El enigma número... #... había cambiado todo por completo. Caí al suelo tirando el móvil y el cuchillo. Sabía que no iba a vivir.
Fuertes golpes sonaron en la puerta hasta que el palo del cepillo cedió y se partió abriendo las puertas por completo. 
Las bolsas de la compra sonaron al caer al suelo y, posteriormente, un gran chillido.


Comentarios

Entradas populares de este blog

La primera gota

La primera gota cae en el vaso de cristal azulado vacío.  Glup. El sonido de la gota al depositarse en el fondo resuena por toda la habitación sin luz, apagada, triste y desolada. Imaginense esa situación en nuestro interior, la primera gota que recorre todo nuestro yo interior marcando su paso a medida que avanza. imaginen sentarse en una silla mirando a la oscura habitación sin sentir nada, ni tristeza ni alegría... Absolutamente nada. Es más duro no sentir a poder sentirse triste. Cuando no sentimos quiere decir que estamos rotos en su totalidad por dentro, que no brotan lágrimas al llorar por aquello que nos duele, que no quedan risas para amenizar la vida.  No queda nada. Simplemente queda un cuerpo sin sentimiento, con una mirada que intenta encontrarse pero está perdida en el mundo incapaz de volver a conectar con su yo interno. Pero nunca conecta, nunca encuentra. Las ganas están pero no la fuerza. La falta de motivación, la presión del día a día impide que conectemos ...

Navidad.

No había llegado junto a ti cuando el flash se disparó. ¿Te imaginas estar en un ambiente navideño con tus amigos y tu pareja? Pues todos éramos felices. Fuimos a pasar el día a la gran ciudad con el objetivo de olvidar por un día todos nuestros problemas. Todos reíamos y hacíamos fotos como si nunca hubiésemos visto las luces en nuestra vida... Pero a decir verdad yo ya llevaba 4 años consecutivos viéndolas. Y ahora sí, foto navideña para la familia. Te abrazaba mientras tú me hacías el amago del abrazo porque siempre te ha dado vergüenza dar muestras de cariño en público, pero oye, al menos sonreíamos como dos personas muy felices. Antes de ser pareja fuimos muy amigos, sabía lo que pensabas y como te encontrabas con solo mirarte, el brillo tus ojos me hacía especial, como si fuese una reliquia valorada en millones y millones de euros.  Como bien he mencionado no te gustaba darme cariño en público pero nunca me dejabas pasar frío, siempre me sacabas la sonrisa aunque yo no lo pid...

Buscándome

Y bien, dime luna de plata, no se que pretendes hacer con tus acercamientos a la tierra para producir esas fuertes mareas golpeando las rocas que produce una fuerte erosión en ellas, ¿Querrías decirme algo? Era alguien sin destino, sin una luz al final del túnel, ahora, mi vida no tiene ni luces, ni bombillas ni nada, han sido robadas una a una, yo siempre pensaba que andar en la oscuridad era de valientes, que sabía que aunque robaran las bombillas yo podría seguir viviendo en una eterna felicidad, el camino era recto y lo único que sabía era que tenía que continuar el camino y no me perdería. Ahora tengo 4 entradas delante de mi o eso creía, ya que las bombillas habían desaparecido y solo mis ojos eran capaz de distinguir algo entre la fuerte oscuridad, me rindo, no podía seguir luchando contra algo imposible de ganar. Era valiente, mejor dicho, soy valiente, no sabéis nada de mi vida, pero me he enfrentado a todo tipo de situaciones, cuando de verdad había encontrado a ...