Texto no recomendado para menores de 18 años.
Continuación de Rosa Negra (El castigo). Pinche aquí para leer el capítulo anterior.
(Atención a la negrita y cursiva al final del relato).
Oía los susurros de los demás trabajadores. Era incapaz de retirar la mirada de los ojos de Alan. Estaba furiosa y quería venganza.
- Si tantos aires de superioridad te das, ¿A qué has venido?
- Creo que lo sabes demasiado bien, cabrón.
- Tal vez no.
- Lo has vuelto hacer, no se porque haces como si no supieses nada- Gritó Amelia.
De repente apareció un largo silencio. Ahora todas las miradas se habían centrado en la recepcionista, que avanzaba con un paso firme hacia nosotros.
- ¿Por qué no te estás callada? Estás más guapa.
- Porque estoy harta de que trates así a tus exs. A todas les haces algo, deberían de mandarte al infierno.
- Eres alguien repugnable- Dije apoyando a Amelia.
- Entonces vete- Susurró Alan indicando con la mano el camino hacia la puerta.
- Vamos a pasar al despacho, ya hemos tenido suficiente espectadores Alan, lo siento, no me gustan los shows tanto como a ti.
- A ti te gusta que te metan palillos por el coño- Susurró mientras pasaba a su lado.
Cerró la puerta del despacho y volví a golpearlo fuertemente con la mano derecha.
- Eres un maldito cerdo.
- Tal vez la cerda seas tú acostándote con todo el que pillas- Dijo con una sonrisa.
- Lo hiciste aposta, me dejaste embarazada.
- Tal vez.
- Por eso me dijiste eso en la carta, nunca pensé que podías llegar a ser tan malévolo.
- Tranquila nena, ahora ya estamos unidos por el destino.- Dijo mientras me acariciaba el brazo.
- No me toques,- Le ordené mientras me separaba de él lo suficiente.
- Tienes dos opciones querida: La primera, o te vienes a vivir conmigo y vivimos felices, dejando a tu novio raro o, te llevo al juzgado haciéndote la vida imposible por el hecho de apartar a mi hijo de mi.
- ¿Y si existiese una tercera opción?
- No la hay nena, tu eres más pequeña que yo, yo se sobre estos temas, tú, no.
- Tranquilo "nene" que yo me puedo inventar esa tercera opción. Verás al niño, efectivamente, no voy a abortar, a pesar de que lleve tus asquerosos genes, pero mientras tanto, yo, estaré con quien de verdad quiero, a Alex. A si que busca a otra para meterle los palillos, lo siento, tu jugada ha fallado.
Indirectamente nos íbamos acercando más y más. Nos mirábamos fríamente a los ojos. Notaba como él me seguía queriendo, pero yo a él simplemente lo odiaba.
- Eso no es así nena. Eres libre de irte, tendrás noticias de mi abogado.
- Cuando me fui de aquí fue para separarme de ti, no voy a pelear en una guerra en la que no estoy invitada.
- Tú eres la principal protagonista- Dijo tocándome el vientre.
Me volví a separar de él, pero esta vez decidí marcharme.
Iba a abrir la puerta cuando me llamó. Me giré cabreada y lo vi apoyado en su mesa mientras su paso rozaba su paquete.
- ¿De verdad tu novio la tiene tan grande?- Dijo en tono juguetón.
- Me das asco.
- Eso no decías antes cariño.
- Vete a la mierda.
Abrí y cerré fuertemente la puerta. La gente aún seguía pendiente de lo que estaba pasando en el despacho. Abrí el bolso y busqué el teléfono móvil. Estaba buscando el número de Alex en la agenda cuando una mano me rozó el brazo.
Me giré asustada y vi a Amelia muy seria.
- Acompañame Elena.
Andaba mientras buscaba el número, deseaba irme ya de este infierno.
Nos sentamos en las sillas de espera que se encontraban enfrente del mostrador de recepción.
-Gracias por avisarme de que algo pasaría.- Dije inmediatamente.
- ¿Estás embarazada?
- Sí.
- Dime que vas a abortar...
!No¡ -
- ¿Vas a tener un niño con Alan?
- Sí...- Susurré.
- No puedes hacerlo, no sin que acabes con él. Va a hacerte la vida imposible, va a ocasionarte problemas con tu pareja.
- Pero es mi hijo...
- En otra ocasión...
- No Amelia, lucharé por mi vida, no voy a dejar que me tenga atada a él. No puedo modificar mi vida porque él lo quiera. Si no puede tenerme tendrá que aguantar.
- Pero hay algo que os une- dijo tocando mi vientre.
Cerré los ojos e intenté calmarme, había notado varios movimientos dentro de mi tripa durante la pelea, pero no podía quejarme ya que mostraría mi debilidad. Sabía que iba a ser intenso, y venía preparada.
- Tengo que irme Amelia.
- Está bien, relájate y piénsalo bien, comienza una guerra muy dura.- Dijo mientras me daba un beso en la mejilla.
Marqué el número de Alex y salí fuera del edificio para sentir el aire puro, ahora, me tocaba enfrentarme a mis padres.
El estado de ánimo de Alex no era tan oscuro como el de ayer, estaba más amable, aunque a decir verdad, seguía molesto por los últimos acontecimientos. Aparcó delante de la puerta de mi casa. Ninguno de los dos nos bajamos, mirábamos por hacia delante pensativos.
- No quiero hacerlo.
- Yo te ayudaré- Dijo mientras me agarraba la mano.
- ¿Y si no me dejan salir Alex?
- Tienes veinte años.
- Por eso, porque estar embarazada a los veinte años de alguien que no es tu novio...
- Di que es mío. Las cosas serán más fáciles.
- No puedo hacer eso, tú no tienes la culpa joder.
- Mírame, hazlo, no pasa nada. Te quiero.
Me besó y nos bajamos del coche. Me temblaban las piernas, me dolía la tripa y comenzaba a marearme.
Abrí la puerta de mi casa y me dirigí al salón donde estaban mis padres sentados viendo la tele. Mi madre se levantó rápidamente para darnos dos besos. Ella siempre estaba encantada con que fuésemos a casa. Alex le caía muy bien, sobre todo cuando se comía los dulces que ella preparaba.
- Papá ¿Puedes bajar la tele un momento, por favor?
- Sí claro hija.
Los dos segundos se me hicieron eternos, ya no tenía escapatoria. Estaba de cara a mis padres agarrando la mano de Alex fuertemente. Si no me dejaban salir... No podría soportarlo, no ahora que estaba nuevamente con Alex.
- Ante todo quiero pediros perdón por los problemas que pueda ocasionar en un futuro, todo fue inesperado...- Hice una breve pausa.
Mis padres se miraron perplejos, no sabían que estaba pasando.
- Estoy embarazada... De Alex.- Cerré los ojos al susurrar su nombre.
No quería hacerlo, él siempre había tenido mucho cuidado con ese tema. Pero si le decía que era de Alan, tendría un gran problema.
- ¿Qué? - Susurró mi madre.
Mi padre no decía absolutamente nada, estaba callado con la mirada perdida. Vi como sus puños estaban cerrados de la ira. Estaba muy cabreado.
No dije nada más. Notaba como las lágrimas comenzaban a manar de mis ojos recorriendo mi triste semblante. Mis manos me temblaban al igual que las piernas.
- ¡¿Por qué no usaste protección?!- Gritó finalmente mi padre golpeando la mesa.
Di un pequeño salto en el sofá a causa del susto, no sabía que responder.
- Lo hicimos, pero falló y no nos percatamos, lo siento mucho señor.- Respondió Alex por mi.
Alcé la mirada y vi su mirada segura. Me miró de reojo y apareció una pequeña sonrisa. Mi dulce y querido preso. Estaba enamorada de él hasta las trancas.
- No pasa nada...-Dijo mi madre con voz temblorosa.
- ¿Cómo qué no?- Dijo mi padre inmediatamente
- Yo cargaré con ello, está decidido. Simplemente quería deciros de lo que está por venir.
Mi padre se levantó rápidamente y me golpeó la cara. Mi madre se llevó las manos a la cabeza. Alex bajó su mirada y yo tapé mis lágrimas con el pelo.
- Sólo tienes veinte años y ya te crees adulta, pero no es así, te has metido en un buen lío.
- Se en que me he metido papá.- Dije quitándome el pelo de la cara.
Me levanté y lo miré fijamente a los ojos.
- Todos tenemos errores, pero aún así soy feliz. Tengo a Alex que lo quiero demasiado, amigas como Lorena que me apoyan hasta la muerte y, os tengo a vosotros, que se que aunque os hayáis quedado en shock me ayudaréis.
- ¿Acaso tenemos otra opción?- Dijo mi padre.
- No.- Susurró mi madre.
- Vete Elena, necesito asimilar todo esto- Susurró mi padre.
Alex se levantó y agarró mi mano tirando de mi hacía la puerta. No quería irme, estaban destrozados. Los quería y me dolía de verdad verlos así. Mamá, papá...
***
- ¿Dónde vamos?- Dije sorprendida.
Habíamos quedado con Paula y Raúl pero no sabía adonde íbamos, llevábamos grandes mochilas e íbamos por un camino. Si íbamos de picnic era una idea brillante. Me encantaban los picnic.
Frenamos delante de el cartel " Solo peatones".
Bajamos del coche y yo aún seguía sin saber adonde nos dirigíamos. Tenía llamadas perdidas de Lorena, la dejé con la palabra en la boca la última vez que hablamos.
La respondí antes de venir por WhatsApp, me sabía mal dejarla con la duda, pero hoy estaba muy ocupada.
Paula me abrazó fuertemente mientras me mostraba una gran sonrisa. En cuestión de dos días nos habíamos hecho grandes amigas, me había mandado varios WhatsApp para saber que tal me encontraba, como llevaba el embarazo y demás.
Eran la una y media de la mañana y a las siete de la tarde teníamos que estar en casa ya que Paula y yo teníamos que ir al ginecólogo.
- ¿Alguien me va a contar de una vez qué hacemos aquí?- Dije confusa mientras todos los demás cargaban las mochilas.
- Nos vamos de ruta Elena, me he estado informando y caminar para las embarazadas trae beneficios para ti y el bebé- dijo Paula contenta.
Andar... Buena opción.
Alex y Raúl se iban turnando mi mochila ya que no me dejaban cogerla. Hacía muy buena temperatura. La suave brisa del viento iba golpeando nuestras caras. Mi pelo ondeaba ligeramente. No podía borrar la sonrisa de mi cara, esto es lo que de verdad quería, vivir con Alex, enamorarme cada día más.
Llegamos a una explanada donde había más gente haciendo ruta. Todos se encontraban comiendo, con las mantas en el suelo, conversando y riéndose. Disfrutando del momento.
- Pararemos a comer.-Dijo finalmente Alex.
Paula y yo preparamos todo lo necesario mientras Alex y Raúl se dirigían al punto de información a por un folleto. Al parecer el fin de esta ruta era ver la gran cascada a través de un puente. Tenía muchas ganas ya que nunca había hecho una ruta tan bonita como esta.
- Se os ve enamorados.- Dijo Paula interrumpiendo mis pensamientos.
- Ami tal vez, pero de él lo dudo mucho.
- Es verdad que ha cambiado, de hecho su personalidad es como...
- Más oscura- la interrumpí.
- En efecto, pero eso no quita una cosa. Estoy segura de que te quiere, de hecho lo sé.
- Hablamos de mucho tiempo de relación, pero desde que ha vuelto, veo algo raro en él.
- ¿Cómo el qué?
- No le gusta que lo toque.
Paula sirvió vino a Alex y Raúl mientras que ami me sirvió agua. Ahora que sabía que un bebé dependía de mi debería de tener cuidado con lo que tomaba.
La comida fue mejor de lo que esperaba. Raúl y Paula nos comentaron varias de las experiencias graciosas que tuvieron mientras realizaban rutas.
- Tenemos que darnos prisa, son las cuatro y a las siete tenemos la cita. - Dijo Paula.
Recogimos todo y comenzamos nuevamente la marcha. En esta ocasión nos encontrábamos con pequeñas cuestas pero con la ayuda de Alex conseguía superarlo sin problemas. De vez en cuando notaba algún pequeño movimiento dentro de mi tripa y me paraba para descansar.
- Alex tengo miedo.- Dije agarrándome a su brazo fuertemente.
Eran las cinco de la tarde y acabábamos de llegar al puente, las vistas eran preciosas. La cascada de agua azulona caía sobre un gran río que se cernía bajo el puente. El olor era agradable, se juntaba el suave olor del bosque con la humedad del agua haciendo que fuese agradable para el olfato.
- No pasa nada cariño. Agárrate.
Siempre me habían dado miedo las alturas, pero me sentí mas segura cuando Alex agarró mi mano y me besó lentamente. En mitad del puente me soltó y pude ver unas maravillosas vistas.
- Chicos enseguida volvemos.- Susurró Alex mientras me agarraba de la cintura.
- Ven conmigo.- Me susurró en la oreja en tono seductor.
En cuestión de minutos estábamos alejados de la gente y perdidos en el bosque. Alex estaba seguro de adonde iba, mientras tanto, yo, andaba perdida totalmente.
- ¿Alex a dónde me llevas?
Llegamos a un parque oculto tras una serie de pinos. Era precioso, a pesar de estar oculto estaba muy bien cuidado.
- ¿Un parque?
- Efectivamente- Dijo suavemente. Me besó inundando mi boca con su lengua juguetona.
El calor corporal iba aumentando rápidamente, no aquí no.
- Alex aquí no, esto es para niños.- Dije cuando se separó de mi boca.
- Se que estás deseosa.
Me agarró de la mano y me llevó a una especie de media circunferencia hecha por barrotes de hierro.
De ahí deberían de colgarse los niños.
- Sube.
Subí con la ayuda de Alex hasta el centro de la media circunferencia. Apoyé mi culo en una barra. Noté como el frío de la barra subía por todo mi cuerpo endureciendo mis pezones.
Me besó lentamente apoyándose en las barras sobre las que descansaban mis manos. En esta ocasión llevaba pantalones vaqueros ajustados, sería muy difícil quitármelos aquí arriba.
Alex apoyó sus rodillas con cuidado en una barra para no caerse y separó las manos. Comenzó a tocarme los pechos, agarrando los pezones, como a él le gustaban.
La sensación de estar en el bosque me excitaba aún más. Con cada beso mi excitación iba aumentando a grandes rasgos. No pude evitar soltar un pequeño gemido y a continuación una pequeña risa.
Cerré los ojos para agudizar mis sentidos. Su mano rozó el botón de los pantalones y tiró fuertemente de él.
Me lo ha desabrochado. Introdujo su mano dentro de los pantalones y comenzó a bajarlos.
- Alza un momento- Susurró.
Levanté mi culo de el barrote mientras me agarraba fuertemente con las manos. No podía dejar de morderme el labio, me excitaba demasiado.
Tardó a penas cinco segundos en bajarme los pantalones.
- Voy a pedirte algo, pero tiene que ser rápido y sexy, como siempre.
- ¿El qué?- Susurré mirandole directamente a los ojos
- Juguemos a los equilibristas.- Dijo entre risas.
Cogió mi pierna derecha y la introdujo en el hueco de los barrotes. Lo mismo hizo con la izquierda.
Estaba tumbada, abierta de piernas, con la camiseta y las bragas.
-Ahora viene lo mejor.
Se movió lentamente entre los barrotes e introdujo mis dos manos por un gran hueco que había a la altura de mi cabeza.
- Es muy molesto Alex.
-Aún no he acabado.
Me besó el cuello y volví a gemir más alto.
- ¿Qué quieres que haga?
- Que te quedes colgando solamente de las piernas y podamos hacer el amor así.
Me mordí nuevamente el labio y me introduje entre el gran hueco. En un principio pensé que me iba a caer pero no. Me quedé colgando gracias a que Alex me sujetaba las piernas. Desde este ángulo podía ver su gran erección y su cara de juguetón.
Tiró de mis bragas y comenzó a tocar mis partes íntimas. Gemí. Notaba como las sensaciones se acumulaban en la zona del pecho. Cerré los ojos y centré mis fuerzas en las piernas.
Algo húmedo rozó mis labios superiores. Sin llegar a verlo comencé a gemir.
- Calla o nos oirán.
Se puso el preservativo y se inclinó hacia delante para penetrarme. Notaba el movimiento mucho más intenso, el placer debilitaba mis fuerzas. Estaba comenzando a escurrirme pero no quería que parase.
Cogí impulso y me agarré a una barra y comencé a moverme con el.
Movimiento rápido y duro.
Llegué al climax en cuestión de segundos. Al igual que él.
Me ayudó a subir y nos bajamos con sumo cuidado.
Se abrochó el botón de los pantalones tapando el resto de su erección. Comencé a ponerme las bragas, reinaba el silencio. Hasta entonces, sonó una pisada cerca del parque. Joder , venía alguien.
Cogí los pantalones y eché a correr junto a Alex. Nos escondimos detrás de un tobogán y comencé a vestirme rápidamente.
Noté las risas de Alex y lo golpeé suavemente en el hombro y me eché a reír.
Una vez vestida salimos de nuestro "escondite" y nos encontramos a una pareja de jóvenes sentados en la mesa. Demasiado juntos.
Me eché a reír y miré a Alex que debió de pensar lo mismo que yo.
- No somos los únicos- susurró.
Raúl y Paula estaban haciéndose fotos en el puente. La gente ya se había marchado y solo quedaban tres o cuatro personas más.
- ¿Dónde estabais?- Preguntó Raúl con una gran sonrisa.
- Dando una vuelta- dijo Alex.
Me acerqué a Paula que miraba atentamente el agua caer.
- ¿Hermoso verdad?- Dije cuando llegué a su altura.
- Sí.- Dijo- Por cierto, estás despeinada- susurró entre risas.
Me peiné rápidamente y me tapé con los coloretes con el pelo. Volví a mirar la cascada. Ahora no tenía miedo, después de el momento anterior no tenía miedo.
- Paula, mira el pato del río.- Dije señalándolo
- ¿Dónde está?
- Ahí, ¿No lo ves?
La imagen comenzó a distorsionarse, mi mano comenzó a temblar al igual que mis piernas. Las manos de Paula me agarraron y perdí el conocimiento.
***
Despacho de Alan. 19:00
- Estás despedida- Susurró Alan arrojando los papeles hacia Amelia.
- ¿Por qué?, ¿Por decir la verdad?
- Por defender lo que no tenías que haber defendido.
- Ella se lo merecía.
Alan se acercó a Amelia para intimidarla. Ella lo miraba desafiante, no se iba a achantar delante de Alan.
- Está bien, échame, pero voy a testificar en tu contra. Diré que abusaste de ella.
- No hay pruebas.
- ¿De verdad?- Susurró desafiante- no es la primera a la que maltratas psicológicamente. Si me despides será tu maldita ruina.
Alan abrió la puerta de su despacho y comprobó que no había nadie.
Cerró fuertemente y agarró a Amelia llevándola contra su mesa.
- Óyeme bien, porque a ti te cambiase por una más guapa no tienes porqué venir a decirme lo que tengo que hacer ¿Entendido?
- Eso ya lo tengo más que pasado, suéltame Alan.- Dijo mientras intentaba liberarse.
- ¿Y si no qué?
- ¡Suéltame!- Gritó- Voy a ir a por ti, vas a acabar en la cárcel.
Alan empujó a Amelia contra la cristalera de su despacho. Cogió el flexo de su escritorio y la golpeó fuertemente en su cabeza.
Un grito retumbó en toda la vacía oficina.
Llegados a este punto de la historia entráis en juego vosotros, lectores.
Dos ideas inundan mi cabeza y que mejor que decidáis vosotros mismos.
Simplemente dejar en los comentarios qué os gustaría que pasara:
1. Venganza 2. Justicia.
El más votado será como siga la serie. Gracias por leerme mis queridos y amados lectores

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