Creí que todo había empezado bien, genial. Pero como siempre, vuelvo a equivocarme. Te he buscado directamente pero a la vez indirectamente para otras personas. Deseaba oír tu voz, ver tu profunda mirada hacia mi. Tu suave risa.
Amas a los que ríen, yo amo a los que me hacen sonreír, por eso te amo.
Creí que todo había cambiado, que después de nuestro suave roce, ya sabes, tu mano rozó la mía inconscientemente, pero no. Vuelves a la rutina, me miras y te alejas, me lees y no me respondes. Todo como antes, igual de desastroso, igual de triste.
Quería confesarte que de verdad te quiero, que estoy ilusionado cada minuto de mi vida, que, por tu culpa, no puedo conocer a alguien más sin pensar en la inicial de tu nombre.
Para ti todo es fácil porque no sientes lo mismo que yo, pero, si tanto te importo... Conóceme.
Quiero que nuestras manos se rocen, que nuestras palabras fluyan, que tus ojos se cierren cada vez que ríes. He de aceptarlo, me encanta tu risa.
No quiero volver a "hasta dentro de un tiempo", quiero volver a el me importas, a el te hecho de menos. A el por fin me encuentro contigo.
Maldita distancia que nos separa. ¿Es poca? Tal vez. Pero tú y yo sabemos el verdadero impedimento, el verdadero por qué esto no fluye como debería.
Después de una semana, volvemos a un amanecer amargo, triste y frío porque ya no te siento otra vez dentro de mi corazón.

Comentarios
Publicar un comentario