Rodeaba el mar con una barca sin rumbo, me golpeaba contra paredes indefinidas, la barca comenzaba a agrietarse y cada vez me iba hundiendo más y más y más.
Notaba el agua por la garganta, nadie podía salvarme. Excepto tú mano.
Tiraste fuerte de mi y me cogiste. Me arropaste con tu manta metafórica y me llevaste a tu casa de los sueños.
Dormía mientras me arropabas con tu corazón, oía tu suave latido pegado a mi oído, pum, pum.
Secabas mi ropa mientras estaba desnudo frente a la chimenea.
Pienso que el destino me llevó a esa barca de madera y a esa corriente perdida para que nadie excepto tú me pudiese encontrar.
Perdí los remos, perdí todas las luces, estaba perdido mientras los tiburones acechaban la mejor oportunidad para devorarme.
Me intentaron rescatar en muchas ocasiones, pero siempre quedaba algo, un pie, un zapato, nadie había conseguido salvarme como tú.
Es por eso por lo que estoy aquí, escribiendo algo que ni yo mismo se, simplemente me dejo llevar por mi corazón, por ti.
Por tus caricias, por tus palabras, por tu tono suave, por tú última caricia.
Es por eso por lo que te quiero todos los días, minuto, segundo, micra segundo.
Así hasta tender a infinito, porque eso es donde quiero llegar, a un infinito donde no haya límites, donde no haya ningún problema, donde podamos estar sin barca, sin tiburones, sin remos sin luces.
Es por ti, por quien escribo este texto lleno de símbolos, por ti y por mi. Abrazándonos mientras tendemos a un lugar denominado "infinito".

Comentarios
Publicar un comentario