Ir al contenido principal

Rosa negra (El café).

Texto no recomendado para menores de 18 años.

Continuación de Rosa negra (Fin de una etapa). Pinche aquí para leer el capítulo anterior.




- Al final ha quedado buena tarde- Decía Lorena mirando hacia el cielo.
Habíamos quedado para pasar un buen rato en el bar de la esquina de casa, "La langosta", me había contado todo lo necesario sobre Alan. Tras el ataque de ira, Lorena le acompañó a su casa y Alan rompió a llorar. Lamentaba su actitud, pero según él, me quería más de lo que yo pensaba. 
En realidad no se si era del todo cierto, pero, no quería hacerle daño. No más de el que ya le había hecho. Prosiguió contándome que había decidido marchar de viaje para desconectar y así evitar otro ataque de ira e ir a por mi. 
- Cada vez aciertan menos lo del tiempo- Dije entre risas.
- Yo creo que ha sido el destino, que se alegra de que estemos juntas y por eso no ha llovido.- Dijo mientras me cogía la mano.
Tenía unos preciosos ojos, una perfecta mirada y una amable sonrisa. Lleva años esperando a que un chico merezca la pena y es que para un ángel, hace falta otro ángel. 
La mesa comenzó a vibrar y todo el mundo se nos quedó mirando. Cogí el móvil rápidamente y lo separé de la mesa. Notaba como mis pupilas se tornaban de rojo.
- ¿Alex?
- ¡Elena!, ¿Dónde estás?,  acabo de salir del ayuntamiento, ¿Quieres que vaya a por ti?- Susurró con voz entusiasmada.
Miré a Lorena y esbozó una sonrisa mientras movía la cabeza de arriba a abajo indicándome que me fuese con él.
- Estoy en La langosta. Ven cuando quieras cariño. Un beso, te quiero.
- Enseguida llego.
Colgué y me levanté de la silla al mismo tiempo que Lorena. Nos abrazamos fuertemente hundiéndome en su hombro derecho. 
- A veces piensas que la vida es fácil, ¿Verdad?
- Y no es tanto como nos gustaría...
Note como su mano alzaba mi cara y me la sostuvo a la altura de sus ojos.
- Ahora eres feliz, piensa en positivo, Alex está volviendo a ser como antes, ahora es cuando empieza tú historia de amor, nos vemos pronto. Ahí está tu chico, te quiero mi niña.
Noté como las lágrimas recorrían mis pómulos para caer posteriormente a su camiseta. La abracé mientras susurré: "Te quiero demasiado".
Pagamos la cuenta y volví con Alex, me agarró de la cintura y fuimos a despedir a Lorena, veía en ella felicidad, ella se alegraba de que yo estuviese feliz, al fin y al cabo, siempre me había tratado como una hermana.
Había pasado una semana desde que volví con Alex, la situación había mejorado en todos los aspectos. Su mirada no era tan oscura como antes y sus sentimientos cada vez eran más vistosos.
- ¿Qué planes hay para hoy?
- Tenemos cena en un restaurante con unos amigos. 
- ¿Quiénes?- Pregunté sorprendida.
- Ya los conocerás. Mientras, vamos a tú casa, tendrás que arreglarte.
- Buena observación- Y lo besé.
Llegamos en cuestión de dos minutos a mi casa, estábamos al lado. En el coche sonaba una cover de "el amante" de Nicky Jam. Nunca pensé que una canción de reggaeton pudiese sonar tan hermoso.
Lo miraba fijamente mientras conducía. Había ganado nuevamente los quilos que había perdido en la cárcel. También había ganado masa muscular. "Ahora estaba mucho más fuerte y más guapo". Pensé mientras me mordía el labio. Abrí la puerta y vi a mi madre al fondo con un plato en la mano. 
A ella le encantaba cocinar, sobre todo tartas. Siempre tenía una entre manos.
- ¡Habéis vuelto!- Dijo mi madre dejando el plato.
- Siempre volvemos mamá- Dije entre risas.
Me dio dos besos y un abrazo. La vi un poco cortada con Alex y me comencé a reír, finalmente fue él quien le dio dos besos y un abrazo. 
- ¿Queréis bizcocho? Este es nuevo Elena, Galletas oreo y chocolate blanco. Exquisito.
- Siempre innovando mamá... Ya sabes que no me gusta comer dulce. Pero... Alex, a ti te encantaba. ¿Quieres un poco?
 Noté su mirada amenazante y me reí. Odiaba quedarse con mi madre a solas porque no sabía que decir. A él también le daba vergüenza.
Yo subí a mi habitación mientras Alex iba a comer bizcocho. 
Me tenía que duchar y maquillarme. Según me había explicado Alex teníamos hasta las 23:00 y eran las 18:30. Pero además teníamos que ir a su casa ya que él se tenía que preparar. 
Abrí el cajón de la ropa interior y cogí unas bragas de color negro de lencería. Tenía pensado ponerme el vestido azul con palabra de honor. "Tela suave y fácil de quitar". Pensé entre risas.
Me quité la ropa y me sumergí en la ducha. Cada vez que sentía el agua recorrer mi cuerpo me sumergía en un mundo paralelo. Era muy simple. Consistía en imaginarme un mundo sin problemas, teniendo lo necesario para ser feliz, consiguiendo aquello que deseaba. Un mundo de cuento de hadas.
En cinco minutos y comencé a ponerme la ropa interior. Me subí las bragas lentamente para evitar que se rompieran debido a su fragilidad. 
Observé que todo estuviese en su perfección y me coloqué el levantamiento de senos que compré aposta para este vestido. 
Una vez vestida y maquillada decidí, tras secarme el pelo, hacerme tirabuzones que cayesen sobre mis pechos por la parte de delante.
Miré el reloj y eran las 19:30 y Alex seguía con mi madre. Me mataría seguro.
Bajé por la escalera y los dos salieron a recibirme. 
- Estas preciosa- Exclamaron a la vez. Los dos comenzaron a reír.
- Ten cuidado hija- Dijo mi madre dándome un beso en la mejilla.
- Siempre lo tengo mamá.
Cerramos la puerta y noté como su mano agarraba mi culo. 
- El chocolate del bizcocho estaba muy cremoso- Susurró- Perfecto para derramarlo por tu cuerpo.
Me mordí el labio y seguí caminado para adentrarme en el coche.
Esta vez me tocó a mi estar con sus padres mientras él se arreglaba. Estaban muy agradecidos de que estuviese con Alex a pesar de la situación. Todos sabíamos que era una situación difícil para él, pero, con la ayuda de todos podíamos conseguirlo. Conseguir que fuésemos el mismo de antes.
- Dile a Alex que nos vamos a cenar con unos amigos. Dame un beso preciosa.- Dijo su madre con una gran sonrisa.
Los acompañé hasta la puerta y me despedí de ellos con una gran sonrisa. Sus padres eran unos ángeles conmigo, siempre se habían comportado fenomenal conmigo.
Subí a la habitación de Alex y estaba desnudo de cintura para arriba, lo demás, tapado con una fina toalla.
- ¡Chs!
Se giró y observé como su toalla estuvo a punto de caerse.
- Casi, pero no.
- ¿Acaso quieres que se caiga?- Preguntó en un tono sexy.
- Tal vez...- Dije mordiéndome el labio.
Agarré mi mano para tocar la suya, la agarró fuertemente y me atrajo a él. Notaba su erección rozando la tela del vestido.
Sus manos rodearon mi cuello y comenzó a besarme inundando mi boca con su húmeda lengua.
Noté como sus manos comenzaban a bajar la cremallera de mi vestido. Gemí ante sus rápidos movimientos dentro de mi boca.
Me bajó tiernamente el vestido sin dejar de besarme. Lo cogió y lo dejó en la silla.
- Para que no se arrugue- Susurró.
Me quité el "sujetador"y arranqué su toalla al mismo tiempo que me llevaba hacia la cama. 
Caí en la cama mientras nos besábamos apasionadamente. Volvía a tocarlo tras más de un mes, volvía a notar el calor de su cuerpo.
Se separó de mi y agarró la toalla que se encontraba en el suelo. 
- ¿Qué vas a hacer con eso?
La posó por encima de mis ojos, impidiéndome la visión, además ató mis manos con ella y las empujó para que estuviesen sobre la cama. Estaba totalmente inmovilizada. 
Me movía lentamente en la cama. Notando el suave roce de las sábanas con mi piel.
Sus manos agarraron mi cintura y comenzó a besarme la entrepierna.
El no ver hacía que acentuase mi placer. Gemí fuertemente mientras oía sus suaves risitas.
- ¿Te gusta esto?
- Me encantaría tocarte, pero sí.
Un suave olor a café inundaba la habitación, pero a la vez era algo molesto. Oí el chasquido de los hielos al rozarse con otros.
- ¿Qué haces Alex?- Susurré muy excitada.
- ¿Nunca te han pasado un hielo por ahí?
- ¿Qué?
- Calla y siéntelo.
Noté como el hielo recorría lentamente mis pezones y aumentó la velocidad conforme bajaba por todo mi cuerpo.
Cada vez me removía más en la cama. El estar atada me causaba más placer todavía. Cada vez gemía más rápido.
Noté como la punta del hielo tocaba mis partes íntimas y agarré fuertemente las sábanas.
- Alex... Si me metes ese hielo... Te lo tendrás que comer.
Y eso lo animó aún más. Noté sus manos mojadas por el hielo tocando mis labios superiores. Abriéndolos para dejar paso a mis partes totalmente íntimas.
El contacto con el hielo hizo que me perdiese en la diosa del placer. Estaba apunto de llegar al clímax. 
- No puedo aguantar Alex.
- Si no aguantas serás tu la que tendrás que excitarme. Con la boca.
Me había querido decir que... ¿Con la boca? Ni muerta. Aguanté todo el placer con todas las fuerzas. Cada vez era más excitante y era imposible aguantar.
- Ahora Alex, por favor.
Introdujo el hielo de mi y notaba como se comenzaba a derretir por el calor interno.
Lo sacó rápidamente y oí como lo masticaba. Me mordí el labio al imaginármelo.
Oí el plástico y en cuestión de segundos estaba dentro de mi, se movía cada vez más rápido y en tan solo minutos los dos llegamos al clímax.
- Se me ha ido un poco el maquillaje. - Dije angustiada frente al espejo.
- Sigues igual de bella como antes- Me susurró mientras me besaba la mejilla.
El espejo reflejaba una imagen totalmente satisfactoria. Él vestido con una camisa blanca que pronunciaba sus músculos y una pajarita negra, todo ello tapado con una americana negra.
- Nunca me cansaré de decirte lo bello que eres- Dije mientras le pasaba una mano por el pelo.
- Y yo nunca me cansaré de decirte lo tanto que te quiero.
Nos besamos frente al espejo.
23:00 
Llegamos a tiempo a la cena, era un restaurante de lujo. Todos iban muy arreglados, incluso las señoras de cincuenta años.
Antes de salir de casa de Alex cogí el maquillaje de su madre y me di los últimos retoques. Tuve que volver a hacerme los tirabuzones ya que se me habían desecho con tanto movimiento en la cama.
- ¡Ya habéis llegado!- Gritó una voz masculina desde el fondo de la sala.
Alex me agarró fuerte de la mano y me llevó hacia la mesa. Se comportó como un señorito, me apartó la silla y me la acercó mientras me sentaba.
Estábamos en una mesa alejada de las demás. En ella estábamos sentado nosotros dos y otra pareja, al parecer.
- Encantada, me llamo Paula.- Dijo con una sonrisa de anuncio de televisión.
Era rubia con ojos azules, por su apariencia podría decir que tendría 25 años, tal vez. Estaba en forma y era guapísima.
- Encantado Elena, me llamo Raúl- Dijo con otra encantadora sonrisa.
Él debía de tener la misma edad que la chica. Veía en ellos una gran compenetración y una gran seguridad.
- Ya me conocéis por lo que veo, me llamo Elena y soy la novia de Alex.- Dije mientras le guiñaba un ojo.
Él comenzó a reírse y Paula y Raúl llamaron al camarero.
Todos pedimos el menú del día: Pescado, pollo asado y de postre café y pastel de chocolate.
- Ellos son amigos míos de la infancia. Como habrás podido observar son una gran pareja, llevan cinco años juntos y tienen una gran confianza entre ellos. Un ejemplo a seguir.
- A vosotros también se os ve genial Alex. Ella te hace vivir y lo sabía.- Dijo Paula.
Alex me agarró la mano y me dedicó una sonrisa. Quería que me soltase y me relajase.
- Él también me hace vivir a mi.- Dije mirándolo a los ojos.
- Está claro que hacéis muy buena pareja- Exclamó Raúl.
- Perdona Elena- Susurró Paula- Me encanta tu vestido, ¿De qué tienda es?.
- Lo pedí por internet, espera que busco la página.
En cuestión de minutos Paula y yo congeniamos genial y Alex y Raúl iban a lo suyo.
El camarero llegó con el pescado y todos comimos tranquilamente. Era un ambiente agradable, me sentía muy agusto y sobre todo después de sentir ese frío hielo entre mi entrepierna.
Raúl y Paula comenzaron a hablar de un e-mail que le había llegado a Paula y aproveché la ocasión para calentar a Alex.
- ¿Has visto el postre?
- Sí, café con pastel de chocolate.
- Chocolate...- Dije mientras me pasaba la lengua por los labios.
- No juegues Elena.
El segundo plato llegó a los cinco minutos y comenzamos a comer.
El pollo me sabía raro, como si estuviese crudo, me generaba una gran angustia.
- Alex me encuentro muy mal.
En ese mismo instante llegó el camarero con el café y el pastel. El olor a café me molestaba más aún y salí corriendo hacia el baño.
Abrí la tapa del váter y vomité la cena. La puerta sonó junto a una voz:
- ¿Elena estás bien?
Tiré de la cadena y me limpié con papel por si me había manchado. El vestido seguía impecable y no me había manchado nada.
- No se qué me ha podido pasar...
- ¿Qué te ha sentado mal?- Me preguntó Paula mientras me cogía las manos.
- El pollo... Estaba como crudo y el café, estaba muy amargo...
- El pollo estaba bien, Alex lo ha mirado. Vamos a salir, están preocupados ahí fuera.
Salimos del baño y vimos a Alex y Raúl sentados en los sillones de espera muy preocupados.
Alex se acercó a mi rápidamente y me envolvió en sus brazos.
- Cariño, ¿Estás bien?- Susurró.
- Ha sido el pollo que me ha sentado mal nada más. Volvamos a la mesa.- Dije sonriente.
Alex me tenía agarrada de la mano mientras nos dirigíamos a la mesa. A poca distancia podía volver a notar el olor amargo del café.
- Para Alex.- Susurró Paula.
Todos se giraron para verme, otra vez esa angustia y ahora, acompañada de un movimiento en mi interior.



Comentarios

Entradas populares de este blog

La primera gota

La primera gota cae en el vaso de cristal azulado vacío.  Glup. El sonido de la gota al depositarse en el fondo resuena por toda la habitación sin luz, apagada, triste y desolada. Imaginense esa situación en nuestro interior, la primera gota que recorre todo nuestro yo interior marcando su paso a medida que avanza. imaginen sentarse en una silla mirando a la oscura habitación sin sentir nada, ni tristeza ni alegría... Absolutamente nada. Es más duro no sentir a poder sentirse triste. Cuando no sentimos quiere decir que estamos rotos en su totalidad por dentro, que no brotan lágrimas al llorar por aquello que nos duele, que no quedan risas para amenizar la vida.  No queda nada. Simplemente queda un cuerpo sin sentimiento, con una mirada que intenta encontrarse pero está perdida en el mundo incapaz de volver a conectar con su yo interno. Pero nunca conecta, nunca encuentra. Las ganas están pero no la fuerza. La falta de motivación, la presión del día a día impide que conectemos ...

Navidad.

No había llegado junto a ti cuando el flash se disparó. ¿Te imaginas estar en un ambiente navideño con tus amigos y tu pareja? Pues todos éramos felices. Fuimos a pasar el día a la gran ciudad con el objetivo de olvidar por un día todos nuestros problemas. Todos reíamos y hacíamos fotos como si nunca hubiésemos visto las luces en nuestra vida... Pero a decir verdad yo ya llevaba 4 años consecutivos viéndolas. Y ahora sí, foto navideña para la familia. Te abrazaba mientras tú me hacías el amago del abrazo porque siempre te ha dado vergüenza dar muestras de cariño en público, pero oye, al menos sonreíamos como dos personas muy felices. Antes de ser pareja fuimos muy amigos, sabía lo que pensabas y como te encontrabas con solo mirarte, el brillo tus ojos me hacía especial, como si fuese una reliquia valorada en millones y millones de euros.  Como bien he mencionado no te gustaba darme cariño en público pero nunca me dejabas pasar frío, siempre me sacabas la sonrisa aunque yo no lo pid...

Buscándome

Y bien, dime luna de plata, no se que pretendes hacer con tus acercamientos a la tierra para producir esas fuertes mareas golpeando las rocas que produce una fuerte erosión en ellas, ¿Querrías decirme algo? Era alguien sin destino, sin una luz al final del túnel, ahora, mi vida no tiene ni luces, ni bombillas ni nada, han sido robadas una a una, yo siempre pensaba que andar en la oscuridad era de valientes, que sabía que aunque robaran las bombillas yo podría seguir viviendo en una eterna felicidad, el camino era recto y lo único que sabía era que tenía que continuar el camino y no me perdería. Ahora tengo 4 entradas delante de mi o eso creía, ya que las bombillas habían desaparecido y solo mis ojos eran capaz de distinguir algo entre la fuerte oscuridad, me rindo, no podía seguir luchando contra algo imposible de ganar. Era valiente, mejor dicho, soy valiente, no sabéis nada de mi vida, pero me he enfrentado a todo tipo de situaciones, cuando de verdad había encontrado a ...