Texto no recomendado para menores de 18 años.
Continuación Rosa Negra (La chica que cambió todo). Pinche aquí para leer el texto anterior.
Lorena y yo nos habíamos ido de compras al centro comercial. Necesitaba despejar mi cabeza después de todo. Ver a Alex me había producido otra vez las cosquillas en el estómago, pero con Alan estaba mejor que nunca.
Nos sentamos en unos sillones rojos que tenían pinta de ser cómodos. Llevábamos tres horas dando vueltas por el centro comercial buscando un vestido rojo para Lorena.
- Tía tienes que decidirte ya, tengo los pies molidos- le dije con voz cansada.
- Como tu ya tienes vestido... Hay que ir fantástica para el baile, ya sabes Elena, los chicos están muy pendientes de ti.
- Lorena por favor, ahí no liga nadie.- Me eché a reír.
Me empujó con el brazo y me agarré al sofá porque estaba sentada en el borde e iba a caerme. Las dos comenzamos a reír y nos levantamos de la tienda camino a la siguiente tienda: H&M.
Todo ese pasillo estaba lleno de gente. Eran las 19:00 y la gente se marchaba del centro comercial. Iba mirando los carteles de la tienda cuando Lorena desapareció de mi lado.
Comencé a dar vueltas sobre mi misma lentamente, buscándola entre todo el gentío, pero no la veía.
Decidí ir a la tienda y esperarla allí
El cartel de H&M estaba al final del pasillo, me estaba agobiando demasiado, mis pechos estaban presionados por culpa de la presión de la gente.
Una persona con capucha agarró mi brazo y tiró fuertemente de mi hacia atrás. Giré y la miré fijamente, no le conseguía ver la cara, no sabía quien era.
- ¿Qué haces? ¿No ves por donde andas o qué?
Se quitó la capucha y su melena pelirroja salió a la vista. Mi rostro cambió por completo, no podía creerme que estuviese allí.
Empecé a correr como pude entre la multitud, empujaba a unos y a otros para desaparecer. Miraba hacia detrás y veía como me perseguía, a la misma velocidad, con una mirada de venganza.
Cada paso que daba recordaba las palabras de Alex en mi cabeza: " Si la ves, huye."
Entré en H&M y me mezclé con la gente de la tienda. En la entrada no estaba Lorena, joder.
Cogí unos pantalones mientras andaba rápido en el interior de la tienda. Me dirigiría a los mostradores y allí no me vería.
La cola para entrar a los probadores era inmensa y no tenía tiempo. Lacé los pantalones al suelo y eché a correr hacia la salida. Me escondí detrás de un maniquí para tantear el terreno. No veía a ninguna pelirroja, camino despejado. Eché a correr hacia la salida y de reojo la vi como se dirigía hacia la cola de probadores. Debió de verme cuando vino corriendo hacia mi.
No sabía adonde ir, no me quedaban fuerzas para correr, estaba muy desentrenada.
Vi un cartel de prohibido pasar, me detuve y tiré del pomo de la puerta con un solo deseo, que se abriese.
Efectivamente, la puerta se abrió y entré rápidamente, cerrando la puerta rápidamente.
Busqué el móvil en mi bolsillo y vi todas las llamadas perdidas de Lorena, diez en total.
Decidí no llamarla y marqué otro número.
- ¿Alan?
- Elena, cariño ¿Dónde estás?
- Estoy en el centro comercial, tienes que venir a por mi enseguida, la pelirroja nos ha visto, a Lorena y ami, Lorena ha desaparecido, no sé adonde esta, por favor tienes que ayudar...
La puerta se abrió rápidamente y me golpeó la cabeza, caí al suelo al mismo tiempo que la voz de Alan resonaba por los altavoces de mi teléfono móvil.
***
Notaba un fuerte dolor en la cabeza, me sentía mareada. Estaba tumbada sobre algo suave y blando, pero aún no conseguía reconocer el lugar.
- ¿Cariño estás bien?
- ¿Alan?
- ¿Quién va a ser si no?- Me beso tiernamente y con sus manos volvió a apoyar mi cabeza sobre el sofá.
- ¿Qué ha pasado?
- Lorena se vio a una aglomeración de gente asustada alrededor de la puerta donde te escondiste, ella se acercó rápidamente y te vio tirada en el suelo, al instante llegaron los guardas del centro y te ayudaron.
- ¿Dónde está Lorena?
- Se ha ido a casa, estaba muy asustada y le he dicho que se fuese a descansar.
- Tengo que llamarla, estará preocupada.
- Ya le he mandado un WhatsApp, vendrá a verte más tarde.
Tragué saliva antes de formularle la pregunta.
- ¿Y... La pelirroja?
- No estaba, escapó.
Cerré mis puños y mis lágrimas saltaron de la rabia.
Hasta el tercer día no pude volver al trabajo, me mareaba cada media hora y necesitaba estar en reposo, mis padres me cuidaban mientras Alan estaba en el trabajo y cuando salía venía a verme hasta la hora de cenar. Lorena siempre se acercaba a la hora de la siesta para contarme las últimas noticias de la zona, según ella, siempre había que estar informadas.
- Tía, Hector, el feo, se ha liado con Betty, no ha podido caer más bajo-Dijo Lorena enseñándome la confesión de Betty por WhatsApp.
- Hombre no todo es el físico...
- Pero Elena tía, es un borde y además...
- ¿Además?
- La tiene pequeña.
- Tía esto se está desmadrando.
Mi móvil vibró y lo cogí. Era un mensaje de Alan deseándome un buen día y que pronto estaríamos juntos.
Mañana tendría que volver a trabajar, no me apetecía nada. Estos momentos con Lorena me encantaba y estar a solas con Alan aún más.
- ¡Qué mono! Yo también quiero un novio así- Dijo Lorena poniendo ojitos de enamorada.
- Qué tonta eres Lorena.
- Desde que estás con Alan te veo... Más joven, tus pupilas han vuelto a su color original. Tus ojos brillan de esperanza, me alegro de que esté funcionando, pero tú ami no me engañas.
- ¿Qué?- Dije desviando la vista.
- Estás así por el sexo.
- Por favor Lorena.
- Tía estamos en confianza, cuéntamelo. La tiene grande o pequeña.
- Definitivamente estás más salida que un gato en tiempos de celos. Anda me voy a duchar que pronto llegará Alan.
- Elena una última cosa...- Dijo con un tono más serio.
Me giré al mismo tiempo que se me borraba la sonrisa de la cara, sabía lo que me iba a preguntar.
- ¿Te has olvidado de Alex?
El corazón me dio un vuelco, Alex... Mi atractivo Alex. Claro que lo quería...
- ¿A qué viene esto ahora, Lorena?
- Me han llegado unos rumores, en dos semanas estará en libertad.
Me agarré al pomo de la puerta, las piernas me flaqueaban y el corazón me iba a dos mil por hora.
No podía ser, no...
El agua recorría mis pechos mojados. Mis lágrimas también la acompañaba, no podía creerme que Alex estuviese fuera en dos semanas, aún no lo había terminado de olvidar y no podía verlo, caería en sus brazos. Pero Alan... También lo quería.
La esponja recorría cada parte de mi cuerpo dejando un rastro de espuma detrás suya. ¿Se lo diría a Alan o simplemente esperaría?.
Me puse un vestido morado, provocador y sexy para Alan, llevaba muchos días recibiéndolo en pijama, además me dijo que me llevaría a un espectáculo.
Noté como mis pezones se endurecían con tan solo recordar el último, introduciendo los palillos dentro de mi.
Me mordí el labio de la excitación que me creaba. Fui al armario de los complementos y saqué otro palillo y me recogí el pelo con él. Me eché a reír y baje por la escalera.
Llamó a la puerta y fui yo misma la que se encargó de recibirlo. Se vistió de gala para la ocasión.
- Va usted muy elegante señorita.
- Puedo decir lo mismo de usted- Le dije guiñándole un ojo.
Giré la cabeza y grité: "Mamá me voy"
No sabía adonde me iba a llevar, simplemente estaba subida en su coche, escuchando una música relajante.
Giró la cabeza hacia ami e hizo una mueca.
- ¿De qué me sonará ese palillo?
- Has tardado mucho en darte cuenta.
La carretera iba completamente vacía. Tenía ganas de jugar. Desabroché el cinturón y me acerqué a él.
- No te desvíes cariño.
Desabroché su bragueta e introducí mi mano en ella.
- Nunca me habían hecho esto.
- Conduce y calla.
Notaba como su erección iba aumentando en mi mano. La saqué de su refugio y comencé a mover mi mano de arriba a abajo. Oí sus gemidos y lo miré con una sonrisa picantona.
Retiré mi mano de su erección e introduje mi dedo índice en mi boca. Notaba como me miraba de reojo, como se moría por hacerme el amor.
Hice lo mismo con cada uno de los dedos izquierdos y toqué su erección con mi mano mojada, noté como giró el coche bruscamente y se desvió hacia el campo, lo había conseguido.
- Ahora me toca ami jugar.
Apagó las luces del coche y pulsó un botón, oía como algo se movía y enseguida me di cuenta, el capó estaba enrollándose en la parte de atrás.
- No sabía que era un...
Me tomó de la cintura y me agarró aproximó a él, inundó mi boca con su lengua feroz, comenzaba a mojarme, lo estaba notando.
Soltó nuevamente mi pelo y sostuvo el palo con una mano.
Lo tiró hacia los asientos de detrás.
- ¿Pensabas qué iba a volver a hacerlo?
- Sí.
- Te enseñaré algo mejor.
Echó mi asiento hacia detrás y pasó a sentarse en él. Me senté encima de él y comencé a besarle. Mis muslos rozaban su mojada erección, un suave frío recorría mi entrepierna.
- Enséñamelo
Tiró de cuerda que unía mi vestido a mi cuello y lo dejó caer hasta sus pies. Metió la mano entre mi entrepierna y abrió la guantera. Rebuscó y finalmente lo encontró.
- ¿Qué es eso?
Era una pajita unida a un bote.
- Última generación.
Inundó mis parte íntimas con su dedo. Agarré su pelo y comencé a gemir, me tocaba demasiado bien. Sacó su dedo y comenzó a chuparlo suavemente. Era demasiado erótico.
- Si esto te gusta prepárate.
Yo sola abrí mis piernas e introdujo la pajita dentro de mi. No era como las pajitas de beber, tenía una textura suave. Lo comenzó a agitar, de un lado a otro dentro de mi. Cada roce con mis paredes vaginales hacia que estallase de placer. Notaba como las ganas de correrme iban cada vez más rápido.
Alcé los brazos por encima del capó y apoyé mis manos en la luna del coche mientras gemía.
Sonrió y apretó el bote.
Unas gotas llegaron a parar a mis paredes vaginales. Gemí alto. Notaba como iban descendiendo hasta salir al exterior.
- Aprieta otra vez.
Lo volvió a hacer mientras agitaba cada vez más rápido la pajita.
- Voy a correrme.
- No.
Sacó la pajita e introdujo su pene dentro de mi con el preservativo puesto. Comencé a moverme rápidamente sobre él mientras seguía con las manos en la luna. En cuestión de minutos llegamos los dos al climax. Nos quedamos sobre el coche, abrazados, y besándonos arropados por la luz de la luna.
Debido al parón que hicimos nos dirigimos a su casa.
Estaba en el salón, sentado en uno de esos cómodos sillones cuando llegó con dos copas de vino y sin camisa.
Se sentó a mi lado y me entregó la copa de vino.
- Cada día eres más hermosa.
Noté como mis mejillas se enrojecían con sus palabras.
- Te quiero Elena de verdad.
- Yo también te quiero Alan, de verdad.
Me besó y dejé mi copa sobre la mesa.
- Por eso tengo que decirte algo.
- ¿Y bien?
- Alex va a salir en dos semanas de la cárcel.
Un móvil vibró y la copa cayó al suelo haciéndose añicos.

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