Texto no recomendado para menores de 18 años
Continuación de Rosa Negra (Doble sentimiento). Pinche aquí para leer el capítulo anterior.
- ¿Por qué la has tirado Alan?- Grité con cara de asombro.
- Coge el móvil Elena. Está vibrando.
- ¿Y si no quiero cogerlo?
- Cógelo de una puta vez.
Llevé mi mano al bolsillo mientras Alan se levantaba del sofá para recoger la copa y el vino desparramado por el suelo. Vi el nombre de Lorena en la pantalla.
Mis dedos temblaban frente a la pantalla del móvil, no sabía si contestar... ¿Y si fuese sobre Alex?
Con tan solo pensar su nombre, mi corazón dio un vuelco, no podía resistirme y apreté el botón verde.
- Tía coño, ¡¿ Por qué no contestas antes?!
- Lorena tengo problemas, dime que quieres.- Dije en un tono seria.
Tras el altavoz oí un suspiro y prosiguió hablando.
- Me he enterado que Alex sale por la mañana, pero no como ya te...
- Ahora no por favor.- Y colgué.
Lancé el móvil a la otra punta del sofá y me llevé las manos a la cara. Tapé mis ojos y mi boca para que no se me oyera ni viera llorar.
Es muy difícil saber con quien quieres estar de verdad. Alan me había tratado perfectamente, al igual que Alex. Al oír el nombre de los dos siento un cosquilleo en el estomago. Pero... ¿Cuál de ellos era mayor?, ¿Con quién pretendía seguir mi vida?
Alan llegó con el cepillo y la fregona y comenzó a limpiar el suelo.
- Déjame que te...
- No, siéntate- Me ordenó.
Me senté con las piernas cruzadas y llevé mi pelo hacia un hombro, dejando parte de mi garganta al aire libre.
Notaba las pestañas mojadas a causa de las lágrimas. Oía sus pasos acercarse, me tendría que enfrentar a algo que de verdad no quería.
Se sentó y recogió mis manos con su mano derecha y apoyó encima su mano izquierda.
- ¿Lo quieres?- Me preguntó mientras sus lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos.
Notaba el nudo en la garganta, intentaba decir que no, pero no podía, mi corazón y mi subconsciente me lo impedían.
- Ahora te quiero más a ti.
- Hasta que salga de la cárcel.
- Eso nunca lo sabrás.
- Mira Elena, no soy ningún niño, ya tengo edad como para saber a qué jugais las chicas de veinte años, estás muy liada y no quiero que me hagas daño. Lo mejor sería...
Me abalancé sobre él y lo callé con un beso. Toqué con mi punta de la nariz el rastro de sus lágrimas.
Mi corazón latía rápido, mi cerebro estaba colapsado y mi cuerpo lo deseaba.
Me apartó rápidamente y se alejó de mi.
- No me beses, afronta tus problemas.
- No tengo ningún problema Alan, es verdad, estoy confusa, joder. ¿Tú no lo estarías? Mi exnovio ha sido detenido de repente, he estado tres años de mi vida con él y cuando todo iba a mejor pasa esto. ¿No crees qué deberías de pensar en mi?. Estoy enamorada de ti Alan, y eso es lo que quiero y deseo ahora, dentro de dos semanas ya veremos, pero simplemente déjame estar contigo, te quiero, te amo.
- ¿Y mis sentimientos? Elena eres la primera chica con la que he ido enserio, las demás me querían por mi dinero, solo querían regalos, en cambio tú... Estás conmigo porque quieres y no por mis riquezas. Eso es lo que de verdad valoro, y si, entiendo que te quedases confusa ante la situación, pero Alex te rechazó, acéptalo de una maldita vez.
No añadí nada, el silencio reinó en la sala durante más de cinco minutos.
Alex.
En dos semanas estaría en libertad, mi traje naranja tapaba cada una de los moratones que me hacían esas sombras cada noche. No sabía donde esconderme, siempre me encontraban, me golpeaban en los baños, abusaban de mi y después me dejaban tirado con el agua cayendo de la ducha mientras mi sangre desaparecía por el desagüe.
Aún quedaban dos horas antes de que las luces de la prisión se apagasen, Laila me estaría esperando en las duchas como cada día.
Con tan solo pensar en su cuerpo desnudo notaba una erección debajo del mono.
Me dirigí al baño de mujeres y atranqué la puerta con un banco. Abrí las puertas y ahí estaba restregando su cuerpo desnudo con una esponja, dejando un rastro por todo su cuerpo.
- Has tardar mucho.- Dijo entrecerrando los ojos.
- Ya es hora de que aprendas bien el idioma.
Me quité el mono y cerré las puertas de las duchas, la cogí de las piernas y la puse contra la pared. Introduje mi lengua dentro de su boca y comencé a rozar mi lengua con la suya. Oía sus fuertes gemidos mientras una mano se dirigía hacia mi erección. Comenzó a mover la mano rápidamente y gemí.
- Espera.
Cogí la grifo de ducha y comencé a mojar todo su cuerpo con agua muy caliente, detrás iba besando todo su cuerpo.
Notaba como se retorcía de placer, como gemía cada vez más alto. Como Elena.
Llegué a sus zonas intimas y las abrí todo lo que pude e introduje el grifo todo lo que pude.
- Me mata.- Susurró entre gemidos.
Introduje tres dedos de golpe en su interior mientras la oía gemir.
"Esto es solo un calentamiento para lo que te voy a hacer, Elena". Pensé mientras introducía cuatro dedos en su interior.
Me abroché el mono y salí al pasillo de la prisión. Mi cuarto estaba tras dos pasillos más. comencé a correr ya que solo quedaban cinco segundos para que las luces se apagaran.
Me golpeé contra una pared al girar rápidamente y las luces se apagaron.
Nuevamente la luz de la luna entraba por la ventana y al fondo del pasillo aparecieron las sombras. No me resistí. Me agarraron el pie y me arrastraron por el frío y áspero cemento. Me llevaron nuevamente a la sala de torturas.
Elena.
Oía la sinfonía de "Blank Space" desde la cocina, Alan tocaba fenomenal el piano y era agradable oírlo. 'Ya entiendo su habilidad con los dedos' Pensé y me eché a reír yo sola.
Estaba preparando un cóctel especial: "Besos de cerezo". Preparaba los ingredientes: Licor de cerezas, ron y champán.
Lo introduje dentro de la coctelera y empecé a agitarlo.
En el frigorífico encontré el chocolate que la otra vez vertió sobre mi cuerpo. Me mordí el labio y noté como mi diosa interior comenzaba a excitarse.
Vertí el cóctel sobre las copas de cristal perfectamente cuidadas. Posteriormente introduje una cereza en cada copa y me dirigí al salón, donde Alan seguía tocando el piano.
- ¿Qué es?- Preguntó entusiasmado
- Besos de cerezo, mi especialidad- Dije con una sonrisa.
Le cedí la copa y me hizo un hueco en el sillón. Prosiguió tocando, era muy hermoso cuando se concentraba en algo.
- Tocas demasiado bien.
- No quieras comprobarlo.
- ¿Perdona? - Dije entre risas.
- Estás perdonada.
Comenzó a beber más rápido.
- Alan bebelo despacio, lleva mucho alcohol.
- Así se anima la fiesta.
Se levantó de la silla y se dirigió hacia el interior de la casa. Tres minutos más tarde llegó con un bote azul y una tecla de piano.
El cóctel ya estaba surgiendo efecto, notaba un gran calor interno y la cabeza un poco mareada.
- ¿Qué haces con una tecla de piano?
Dejó el bote encima del piano y lo observé, llevaba la etiqueta de una marca de sexo. Giré la cabeza con el ceño fruncido, no entendía nada.
Dejó el cóctel encima del teclado y me agarró de las piernas. El contenido de mi cóctel se vertió en el suelo y me llevó hasta la parte más ancha del piano.
- Voy a jugar contigo, porque te quiero.
Desabrochó los pantalones y los tiró al suelo. Inmediatamente se quitó la camiseta y los pantalones. No llevaba boxers, estaba completamente desnudo.
Introdujo sus dedos en mis bragas y tiro de ellas hacia abajo. Cayeron por debajo de mis pies y me abrí de piernas. Se pasó la lengua por los labios y sonrió.
- ¿Estás excitada?- Dijo entrecerrando los ojos.
- Sí.
Introdujo su mano izquierda en la copa de cóctel y agarró la cereza. Enganchó suavemente con los labios el rabillo de la cereza y me quitó la camiseta.
Comenzó a pasar la cereza por mis pechos. Estaba delicadamente mojada. La sensación de notar el frío en mis pechos hacía que me excitara mucho más.
Gemí mientras se aproximaba a mis zonas íntimas. Cabrón susurré, haces que me retuerza de placer.
Miró hacia arriba e introdujo uno de sus dedos en mi interior.
Fue inesperado y gemí fuertemente apoyando mi espalda sobre él piano.
Sacó los dedos y con las dos manos separó mis labios vaginales. No conseguía ver nada, solo notaba la cereza viajar por todo mi cuerpo. Esa sensación desapareció y comenzó otra mucho más excitante. Introdujo con su boca la cereza dentro de mi. Notaba un pequeño bulto en mi interior que chocaba con mis paredes vaginales. Gemí fuertemente, notaba como mi temperatura interior aumentaba cada vez más y más.
Sacó la cereza de mi interior y se levantó para que le pudiese ver. Se acercó a mi boca y mordí la cereza, me comí la mitad mientras que el se comió la otra parte. Era un sabor cremoso, y un poco salado.
- ¿Te gustan estas cosas?
- Sí.
Abrió el bote azul y cogió la ficha del piano, comenzó a untarla con el contenido del bote. No creía que... No podía introducirme eso.
- Si te duele tienes que decírmelo.
- No Alan, no me puedes meter eso por la vagina.
- Está lubricado Elena. Además con la cereza bien que gemías.
Cerré mis ojos y me centré en sentir el placer, la pieza tocó mis labios vaginales y fue introduciendo la poco a poco, era algo distinto a cuando introducía su pene, pero era algo placentero. Comenzó a mover la pieza de todas las maneras posibles. Retorcía mi cuerpo en el piano mientras gemía cada vez más alto.
- Alan no puedo aguantar más.
Sacó la pieza e introdujo su pene dentro de mi, sin protección. La sensación era mucho más fuerte que con protección, nuestras pieles se pegaban y se rozaban.
En cuestión de segundos llegué al climax.
30 minutos después.
Me vestí y me dirigí a la cocina donde Alan me estaba esperando con la pastilla del día después y un vaso de agua.
Le sonreí y me la tomé.
Dos semanas después.
Odiaba trabajar, bajaba mis defensas y mi rostro empeoraba cada día, ojeras, unas grandes ojeras. Cuando llegué a la oficina todos estaban en sus puestos de trabajo. Alan vino corriendo hacia mi y me llevó rápidamente al despacho. Cerró las puertas y me lanzó un periódico.
- ¡Leelo!
"Loca pelirroja anda suelta por las calles".
Sobresaltaba el título en la portada.
- ¿Qué ha pasado?
- A asesinado a dos personas Elena, iba preguntando por ti y como no les daba respuesta los mataba.
- ¿Qué?
La puerta del despacho se abrió y apareció Lorena sofocada, sin aire.
- Elena, es Alex, ha salido de la prisión.

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