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Rosa negra (La chica que cambió todo.)


Texto no recomendado para menores de 18 años.
Esta es la continuación de Mi premio eres tú. Pinche aquí para ver el capítulo anterior.





El silencio se hizo en la sala. Nadie decía nada, la miraban con ojos temerosos. Tenía una mirada oscura, muy potente. 
En el sillón había una chica delgada, pelirroja, de más o menos mi estatura, con unas ojeras muy pronunciadas.
- Va por ti, si tú, la pelirroja.
Alzó la vista y esbozó una sonrisa malvada
- Cállate zorra. Hablaré cuando quiera.
- Estás en mi casa, y puedo mandarte lo que quiera, aún no me has respondido, ¿Quién eres?.
- Elena, tranquilízate.-Dijo Lorena.
- Mira niñata, levanta y vete de aquí.
Me acerqué a ella para echarla de mi casa, cogerla del brazo y empujarla hasta la puerta. Se levantó desafiante, sin perder la sonrisa.
- Los rumores eran ciertos, la niñata eres tú. Por tu culpa mi hermano está en la cárcel, por insectos como tú. Sólo lo querías para follar, lo demás te daba igual.
Sin pensarlo ni un solo momento, alcé mi mano derecha con todas mis ganas y golpeé su cara. 
El salón quedó sumido en un absoluto silencio. Noté como mi madre sollozaba detrás mía. En cambio, Lorena se llevó las manos a la boca como símbolo de sorpresa.
- Al menos tengo más respeto que tú. Solo he venido ha decirte que mientras te follas a tu jefe mi hermano está en la cárcel porque quería conseguir un buen anillo para...
Se calló. Me quedé en shock, estaba hablando de Alex, pero... El no me había comentado nada, era imposible que...
- Conozco a su familia... Tú no eres su hermana. Ya te hubiese conocido de antes.
- Vivía en el extranjero. Mis padres no me aceptaron y a los 18 años me echaron de casa.
- No se porque no me extraña...- Susurró Lorena.
- Tu cállate zorra engreída.- Dijo la pelirroja- Lo siento Elena, pero tienes que aceptar la realidad. Has actuado como una verdadera bruja.
No podía contestarla, las piernas me temblaban, mi cerebro no daba ninguna orden de respuesta ante semejante persona.¿Por qué Alex no me había hablado nunca de esta hermana? 
La pelirroja se fue dando un gran portazo. Desapareció de la casa pero cada una de sus palabras seguía retumbando en mi cabeza. Alex... ¿Tenía... Pensado casarse conmigo?
Noté un frío escalofrío y caí inconsciente sobre los pies de Lorena.
7 horas después.
El sol entraba por las finas corrientes. Iluminaban a las personas que se encontraban en la habitación.
Estaba tumbada en mi cama. Solo era capaz de recordar a esa chica... Tenía que ir a la prisión.
- No puedes salir, hija. - Me dijo mi madre poniendo una mano en mi hombro para que no me levantase.
- Mamá, tengo que averiguarlo... Tengo que saber si Alex quería casarse conmigo.
- Será en otro momento.
- No mamá, lo necesito, ahora.
- Déjala ir, solo ha sido un mareo.- Dijo Lorena acercándose ami.- Llévate el móvil, y si te vuelves a encontrar mal nos llamas. 
Me levanté rápidamente de la cama, me cambié ya que llevaba el vestido aún y salí corriendo hacia la prisión.
***
- Solicito una visita de urgencia con Alex.- Dije en ventanilla.
- Señorita, el horario de visita está ahí arriba. Son los jueves y hoy es domingo. Lo siento.
- De ahí la palabra urgente. Se que está permitido.
- Espere, lo consultaré con mis superiores.
Me senté en la silla y comencé a morderme las uñas. No sabía como reaccionar.. ¿Me había mentido? ¿Cómo podía saber que estaba con Alan esa pelirroja?
- Pase señorita, el preso llegará enseguida.
Pasé nuevamente por la puerta en la que me despedí de Alex, hace unos cuantos días. 
Oí como la puerta se deslizaba para dejar paso a un nuevo Alex. Los ojos se me llenaron de lágrimas. Tenía la cara blanca, habría adelgazado más de cinco kilos. No descansaba bien, ya que tenía unas profundas ojeras.
Se sentó enfrente mía y me miró directamente a los ojos. Su mirada era mucho más oscura que la última vez que nos vimos.
- Alex, he venido aquí por un asunto demasiado importante. Te prometí que no volvería y soy fiel a mi palabra. 
- Fui yo el que te dejé Elena, aprovechaste la mínima oportunidad para irte con Alan. Eran menos de cinco meses, pero no pudiste esperarme... No estabas enamorada de mi.
- ¿De verdad piensas eso?- Dije enfadada.
- ¡Todo está demostrado Elena, eres tú la que me has abandonado.!
- ¡No me diste tiempo a darte explicaciones, joder!
Comencé a llorar. No se inmutó, siguió penetrándome con su mirada, sin perderme de vista ni un solo momento.
- Elena, eres muy buena actriz, te felicito.
- Eres un gilipollas, igual que tú hermana.
- ¿Mi hermana?- Su rostro cambió totalmente, no sabia de lo que le hablaba.
- Tu segunda hermana, la pelirroja, vino a verme ayer, a decirme que me mentiste, que hiciste lo que hiciste para comprar un anillo, Alex ¿Por qué no ...
- No tengo ninguna hermana pelirroja Elena, te presenté a mi familia hace dos años.- Me interrumpió.
- ¿Qué?
- Ya sabes cual es mi familia, no iba a comprar ningún anillo. ¿Cómo has dicho que era?
- Pelirroja, de mi estatura más o menos. Alex ¿La conoces?
- Sí, es muy importante que me escuches. Aunque sea por última vez.
***
- Entiendo- Dijo Alan pasándose el dedo por los labios.
- Sigo firme a mi promesa, no quiero volver con él, pero esto nos vuelve a unir. No puedo negar que no siento nada por él, aún le quiero.
Estaba mirándome fijamente desde el sofá mientras yo estaba apoyada frente a la chimenea de su casa.
- Alomejor todo esto fue un error...
- Yo no me arrepiento de nada, Alex ha pasado a un segundo plato, tú ahora eres mi primer plato, el preferido.
- ¿Y si vuelve la pelirroja?
- Habrá que tener cuidado. Ese es mi problema, ya la están buscando.
- Espera un momento.
Se marchó hacia la cocina y yo me quedé calentándome con la chimenea. Volvió sin camiseta y con un termo en la mano. 
- ¿Y tú camiseta?
- Tenía calor.
Me mordí la uña del índice suavemente, estaba demasiado sexy. Me acerqué al sofá y me senté a su lado. Toqué sus pectorales. Estaban mojados con agua, estaban muy suaves.
Dejó el termo sobre la mesa y acerqué mis labios a su oreja.
- Quiero comerte.
Me subí al instante sobre él y comencé a besarlo. Noté como sus manos tocaban mis zonas íntimas. Estaba empezando a notar como me iba mojando, lo deseaba.
Agarré con mis manos sus pezones y tiré suavemente de ellos. Comenzó a gemir y agarró mi culo con fuerza. 
Tiró de mi camiseta y desabrochó el botón de mis pantalones. Tiró de ellos y me quedé sobre él, sintiendo su erección en mi clítoris.
Con la mano derecha desabroché su botón e introduje la mano en su boxer. Rodeé su erección con mi mano y con el dedo pulgar comencé a tocar la punta. 
Gimió mientras se mordía el labio.
- Quiero jugar Alan. ¿Qué me tienes hoy preparado?- Le susurré mientras le besaba el cuello.
- Ahora lo verás.
Me agarró del brazo y me tumbó en el sofá con un ligero movimiento. Se quitó toda la ropa y se quedó completamente desnudo ante mi. Cogió el termo y se llenó la boca de su contenido.
Se acercó a mis pezones y expulsó suavemente el contenido del termo sobre ellos. 
Era chocolate y muy caliente. Mis pezones ardían mientras Alan repartía el chocolate por todo mi cuerpo. 
Llegó a mis partes íntimas y repartió una pequeña porción de chocolate por mi clítoris. 
Sentir esa sensación de placer por todo mi cuerpo hacía que mi diosa interna explotara. Con cada movimiento gemía. 
Volvió a mis pezones y comenzó a limpiarme todo el chocolate derramado con su lengua. Su saliva quedaba sobre mis poros dejándome la piel húmeda. 
Pasó la lengua por mi clítoris. Agarré su brazo mientras gemía, estaba matándome de placer.
Lo alejé con mi pie izquierdo y fui yo quien comencé a verter chocolate sobre su cuerpo. Sus gemidos inundaban la habitación. 
Llegué a sus partes intimas y vertí chocolate. Estaba totalmente depilado, por lo que vertí chocolate en la zona que rodeaba su pene. Comencé a lamer el chocolate suavemente.
- ¿Y el preservativo?
Me indicó con la mano debajo del termo. Lo levanté y ahí estaba. 
Lo abrí con cuidado y se lo puse.
- Esto va a ser muy dulce.
Vertí chocolate sobre el preservativo y introduje su pene dentro de mi. Yo llevaba el ritmo. Me movía suavemente, debido a la mezcla del chocolate junto a la saliva, mi excitación aumentó y comencé a moverme más rápido. 
Llegamos al clímax y me tumbé sobre él. 
- Te quiero Elena.
- Yo también Alan.
***
(Alex)
Verla otra vez me había recordado todas las emociones que existían en mi interior. La noche en la prisión eran muy oscuras. 
El sonido volvía a aparecer cada noche. Pero esta vez no, salí de la celda y me dirigí al baño de las mujeres. 
Sonaba la ducha y el cante de una mujer.
Me dirigí a la ducha, abrí la cortina y la mujer comenzó a chillar. La empujé contra la pared y comencé a besarla. 
Elena me había recordado lo que era sentir placer. 
La abrí de piernas y la penetré.
Al salir el sonido volvió. Me dirigí corriendo a la celda pero no llegué a tiempo, allí estaba el mismísimo diablo en persona. Cuatro sombras se acercaron ami y me arrastraron por el frío suelo de la prisión.

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