Texto no recomendado para menores de 18 años.
Continuación de Rosa negra (Sonata de piano). Pinche aquí para leer el capítulo anterior.
- Lorena, sal y cierra la puerta.- Ordenó Alan en un tono demasiado serio.
Agarraba mi bolso de una mano mientras que la otra la apoyaba en el escritorio de Alan. Mis piernas temblaban, mi mente estaba colapsada. Alex estaba fuera... Por fin.
Se cerró la puerta y Alan se dirigió a un montón de papeles.
- ¿No piensas decir nada, Elena?
Abrí la boca pero sin emitir sonido alguno, estaba en shock, no sabía como reaccionar. Alan agarró un montón de papeles y los soltó de golpe contra la mesa. Se produjo un violento sonido a causa de la fuerza con la que los había tirado. Reaccioné inmediatamente y me separé de la mesa asustada. Notaba las lágrimas en mis ojos, quería llorar, estaba muy agobiada.
- Recuerda lo que me dijiste, no volverás con él, me lo dijiste joder.
- ¡¿Por qué te estás imaginando cosas qué aún no he dicho?!- Comencé a gritar.
- Te estoy viendo la cara Elena, estás como loca por ir a verle.
Mi corazón dio un vuelco. Cerré mi puño para sostener bien fuerte el bolso. ¿Estaba segura de lo qué iba a hacer? No. Pero ¿Era lo necesario?. Sí.
Corrí hacia la puerta y agarré el mango para abrirla. Noté como una mano la empujaba, cerrándola fuertemente.
Me giré asustada y vi a Alan rodeándome. Estaba atrapada, tenía miedo.
- No me ibas a abandonar...
- No estas en las mejores condiciones para hablar, necesito verlo.
- Eres una estúpida.
- No te creo, hablas desde la rabia, desde el dolor. Simplemente quiero ir a verle, no tenía pensado acabar contigo, te quiero, te lo dije...- Agaché la cabeza, era incapaz de mirarle a los ojos, tenía miedo.
Era una situación complicada, por un lado mi corazón quería a Alan, pero no podía quitarme de la cabeza a Alex...
- Déjame irme Alan, volveré te lo prome...
-¡No!- Gritó mientras golpeaba con el puño derecho la puerta- No entiendes nada, para ti es fácil jugar a dos bandas ¿Verdad?. Somos nosotros los que sufrimos por una niña como tú, que solo quiere sexo y fiesta.- Prosiguió diciendo.
- Eres un maldito imbécil.
Se separó unos centímetros y saqué mi mano derecha y golpeé su pómulo con todas mis fuerzas. Mis lágrimas caían mientras abría la puerta y salía del despacho.
Lorena estaba sentada en mi escritorio y salió corriendo detrás mía. Todos los trabajadores me miraban con cara de sorpresa. Agaché la cabeza y seguí mi camino.
No pensaba pararme, seguramente Alan me seguiría.
- ¡Elena, párate ya coño!- Gritó Lorena a lo lejos.
Me giré y la miré para ver donde estaba, había estado siguiéndome todo el rato, pero no había rastro de Alan.
Miraba en todas las direcciones mientras Lorena se acercaba a mi. Me resultaba raro que me dejase escapar tan fácil... Algo iba mal, lo sabía.
- Tía me gusta demasiado el chocolate, no puedo seguir tu ritmo.
- ¿Alan se ha quedado allí?
- Por raro que parezca... Sí.
- No me fío, me tengo que ir, por favor vuelve y asegúrate de que no ha salido.
- ¿Y si lo ha hecho?
- Llámame, me esconderé.
- ¿Adónde irás tú?- Me preguntó ya más calmada.
- A ver a Alex.
- Su madre me ha dicho que está en casa. Suerte Elena.
Lorena se dio la vuelta y volvió por el mismo camino que había venido.
Aceleré el ritmo para llegar cuanto antes a casa de Alex. No sabía qué decirle, ¿Qué Alan y yo éramos novios o qué fuimos novios?
Me paré delante de su portal. Descanse varios minutos e intenté organizar mis ideas.
Con Alan era feliz, pero esa actitud... Nunca me había mirado con esos ojos, nunca había invadido mi intimidad tanto como lo había hecho hoy... Si no lo hubiese golpeado... ¿Qué hubiese pasado?, ¿Me habría pegado él a mi?.
Cogí el teléfono y vi tres llamadas perdidas de Alan. Eliminé la notificación y llamé al timbre.
Pasaron tan solo cincuenta segundos, pero me parecieron una eternidad.
La puerta se abrió lentamente y vi un rostro marcado por la soledad, por la guerra en la cárcel.
Había adelgazado más de cinco quilos. No podía contenerme.
Me abalancé sobre él y lo abracé mientras lloraba. En un principio su respuesta fue nula, no movió ni un solo musculo. Tras dos minutos alzó su mano izquierda y la pasó suavemente por mi pelo, en forma de consolación.
Me separé y vi como su hombro había quedado bañado en mis lágrimas.
- Alex...
- ¿Por qué has venido?- Susurró con una voz profunda.
- Quería verte...
- ¿Para qué?, ¿Para manifestarme lo bien que te va con tú novio?
- Alex, no. Ya está bien. Te escondiste cobardemente en la cárcel y no me dejaste acabar. Me persigue una loca pelirroja por ti y aún así he venido a verte en cuanto he sabido que estabas fuera y sí, antes de que me lo preguntes, he discutido con Alan por esto pero me da igual, quería verte y aquí estoy.
Cogió mi brazo y me empujó contra la pared y se abalanzó sobre mi.
Le miré directamente a los ojos, en ellos veía oscuridad, maldad y miedo.
Alcé mi mano derecha para tocarlo pero él la bajó rápidamente.
- No me toques.
- ¿Así es como me lo agradeces?
- ¿Qué en cuanto me metiesen en la cárcel te acostases con otro? Pues sí Elena, así es como te lo agradezco.
Mis lágrimas recorrían mi cara y caían al frío suelo. Alex no era el mismo, había cambiado, no me quería, se había olvidado completamente de mi.
- ¿Ha vuelto esa pelirroja?- Preguntó con un tono más amable.
- Sí, el otro día me atacó en un centro comercial... Me dejó inconsciente y se marchó.
- Joder Elena, ¿Estás bien?
Me pasó una mano por la frente donde aún se podía observar el golpe.
- Estaré bien si aceptas hablar conmigo Alex, tengo muchas cosas que decirte y explicarte.
- Hoy no... No estoy preparado emocionalmente.
- Lo entiendo, simplemente quería saber que estabas bien.
- ¿Te vas con Alan ahora?
Mis ojos se abrieron cuando mis oídos oyeron "Alan". Con toda esta conversación se me había olvidado por completo.
- Déjame espacio Alex, me estás agobiando.
Se apartó de mi y me separe de la fría pared. Desplacé la cremallera del bolso al otro extremo y comencé a rebuscar en su interior. Cogí el móvil y lo desbloqueé.
"10 llamadas pérdidas de Lorena".
Joder, algo iba mal. La llamé y al segundo pitido me respondió a gritos:
- ¡Elena sal ya de allí, Alan ha salido hace cinco minutos!.
- ¿Qué?
El timbre de la puerta sonó y agarré a Alex del brazo para que no abriese.
- Es Alan, no abras. Por favor.
Alex se soltó fácilmente de mi mano y abrió la puerta.
Colgué el teléfono mientras oía gritar a Lorena. Lo metí dentro del bolso y lo dejé en el suelo.
Alan apareció en el hueco que dejaba la puerta al abrirse. Estaba en camisa, la chaqueta se la había dejado en la oficina. Su frente brillaba por el sudor.
- Eres una gran hija de puta.
- No la insultes- Me defendió Alex.
- Tú cállate porque tienes la culpa de todo.- Dirigió su fría mirada hacia ami.
- Te quiero Elena, y te vas con un criminal. ¿Prefieres ser mujer de un criminal o de un empresario con clase y buena persona?
- Prefiero ser de quien de verdad me valore. Y tú ahora mismo no estás haciendo nada de eso.
Los dos me miraron tras decir esas palabras. Mi respiración ahora era firme y tranquila, no temía a ninguno de los dos. Estaba harta de que no valorasen mi situación, los dos eran importantes.
- Vete Alan, no pintas nada aquí.
- Alex no, cállate.- Susurré.
Me acerqué a la puerta y miré a Alan a los ojos. Pensaba que iba a pegarme o hacerme algo peor, pero no movió ni un dedo. Sus ojos se estaban comenzando a llenar de agua, me quería de verdad, yo a él también, pero ahora necesitaba a Alex.
- Espera y sabrás de mi, pero este no es el momento.
- ¿Y cuál es mi princesa?- Dijo mientras lloraba y tocaba mi cara.
- Ahora no. Vete por favor.
Su mirada volvió a cambiar y se alejó de la puerta.
- ¡Alan no!- Gritó Lorena sofocada.
Alex me agarró y cerró la puerta antes de que Alan llegase a empujarme.
Deslicé mi espalda por la puerta y me senté en el suelo mientras lloraba.
- Elena, tranquilízate.
- No quería que esto pasara... Nunca Alex, ahora está sufriendo por mi culpa.
- Está confuso y por eso te ha insultado, mírame Elena.
Alcé la cabeza y lo miré. Seguía viendo su mirada oscura, pero ahora, con un toque de amor.
Me besó. Cerré mis ojos para sentirlo totalmente. Su lengua inundó mi boca y lo agarré del cuello.
Sin parar de besarme soltó mis manos de su cuello y las pegó a mi espalda. Gemí suavemente.
Se separó y abrí los ojos. Estaba distinto, tenía la cara llena de marcas, pero debajo de todo eso seguía ahí.
- Ven.
Lo seguí hasta el salón y me indicó que lo esperara en el sofá. Regresó a los dos minutos. Aún seguía en shock, la cara de Alan y el cambio de Alex. ¿Qué cojones me estaba pasando?
- Estas guapísima Elena.
- Yo no puedo decir lo mismo de ti.
- Es lo que tiene la...
- No lo digas- Susurré con los ojos llorosos.
Se calló y me miró a los ojos. No sabía qué le había pasado, pero era otra persona diferente.
- Antes de empezar a hablar tengo que ponerte a salvo Elena.
- Ya lo estoy.
- No, la pelirroja sigue acechando por las calles.
- Dígamos su nombre Alex.
- Cristina sigue en la calle.
- ¿Y qué tenias pensado? - Dije acercándome a él.
Soltó la copa y se mojó los labios. Se levantó del sofá y extendió un papel encima de la mesa.
Estaba escrito con... ¿Sangre?, me eché hacia atrás en el sofá asustada. ¿Qué era eso y por qué estaba escrito con sangre?
Miré a Alex y sus ojos tenían la misma mirada oscura que él día que la cárcel.

Comentarios
Publicar un comentario